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Capitulo III: Aportes de la espiritualidad de Santa Teresita a la espiritualidad del joven PDF Imprimir E-Mail
Puede parecer extraña la propuesta de relacionar tres elementos: espiritualidad latinoamericana, espiritualidad de Teresita de Lisieux y espiritualidad de los jóvenes postmodernos. Sin embargo, en este punto de nuestro recorrido, hemos descubierto que la experiencia de Teresita puede resonar con mucha validez en el mundo de hoy, por lo que debemos buscar los medios para que su espiritualidad sea atrayente para nuestros jóvenes. Quien va conociendo a esta muchacha, como nosotros lo hemos hecho, se va enamorando de la manera como vivió la fe y el seguimiento de Cristo. Por ello es necesario darla a conocer y, de esta manera, derrumbar algunas imágenes que surgen por el desconocimiento.

Ya al hablar sobre el ánimo misionero en Teresita veíamos como ese ardor se convertía en amor concreto por aquellos que son víctimas del pecado. También esto lo dijimos con referencia a la espiritualidad latinoamericana. Así, en un primer momento, al abrir los ojos de nuestros jóvenes a la realidad que le circunda, no podemos cerrarlos al pecado presente en nuestras vidas ni a las consecuencias dolorosas de una estructura de pecado en la cual vivimos sumergidos. El reto es llenarnos del fuego del Espíritu Santo, así como Teresa de Lisieux, así como tantos hombres y mujeres de nuestra América Latina, para surcar nuevos caminos de santidad que nos ayuden a preanunciar el Reino de Dios.

Jóvenes al encuentro con Jesús de Nazaret…

Los jóvenes latinoamericanos reunidos en el I Congreso Latinoamericano de jóvenes en Cochabamba, Bolivia (1991), expresaron su fe en "Jesús vivo y presente en nuestra vida y en nuestra historia". La centralidad de la espiritualidad cristiana la han encontrado nuestros jóvenes, así como Teresa y los grandes teólogos latinoamericanos, en la persona de Jesucristo.

Pero no es una figura abstracta, sin relación con la realidad que se vive, sino que es el Jesús encarnado en el aquí y ahora. En la cotidianidad del pueblo encontramos el rostro sufriente de Cristo; un rostro que para ser limpiado de tanta sangre derramada, necesita la alegría de la entrega oblativa. Seguir a Jesús es compadecerse del otro, haciéndose uno con él en oración y vida.

De allí el sentido eclesial de la espiritualidad de nuestros jóvenes. Ellos siguen a Jesús en pequeñas comunidades, donde comparten la Palabra, comparten sus alegrías y angustias, y parten el pan. Ese encuentro con la Palabra debe ser al estilo de Teresa, dejándose penetrar por ella, permitiendo que interpele, que transforme; ese encuentro en comunidad con el otro debe ser con una auténtica expresión de amor que favorezca la experiencia del amor de Dios en el joven, desde la vida diaria, desde los aciertos y desaciertos; el partir el pan es expresión de fraternidad plena, no solamente con el que está al lado, sino con toda la Iglesia peregrina por el mundo.

El encuentro con Jesucristo, con el Señor de los pobres, se da al compartir la encarnación del Hijo e Dios; Él no ha quedado en su comodidad, sino que ha salido al encuentro de los más necesitado de libertad. No le encontraremos si no es en comunión con aquellos que nos recuerdan que todos debemos ser verdadera imagen y semejanza del Creador.

…Con deseo ardiente de ser misioneros…

"La experiencia de fe vivida en los grupos y comunidades juveniles lleva a los jóvenes a descubrir el llamado a servir a los demás". La desembocadura de compartir la fe en Jesús es el anuncio de la buena noticia del Reino por medio de la vida. La Iglesia latinoamericana ha optado por servir preferencialmente a los más pobres, por ser misionera en aquellos lugares que tradicionalmente no han sido considerado como de misión. Ya hemos visto lo que implica ser misionera para Teresa, por lo que no podemos dejarlo allí, sino asumirlo en nuestra propia espiritualidad: el sacrificio del servicio al otro por amor profundo al prójimo y en él, a Dios; la oración constante por la salvación de los hombres, recordando a aquellos que son víctimas, quienes propician el pecado y quienes luchan por instaurar la civilización del amor; el contacto directo con personas concretas, de manera tal que seamos evangelizados y evangelizadores a la vez.

El espíritu misionero consiste también en dejarse llevar por el Espíritu Santo, que sea Él quien nos unja y así podamos proclamar con Jesús la misión de liberación de la Iglesia. Este mismo Espíritu hará que surja en cada uno las ansias de compartir el amor que descubrimos en Jesús, comprendiendo que cada hombre es aquel discípulo amado que se recuesta en el pecho del Maestro. Así, al compartir la amistad con Dios, también nos haremos partícipes de su santidad.

3.3 …en su propia historia

Una de las cosas que más impresionan sobre la vida de Teresa es que ella asume su propia naturaleza e historia. Es una niña vivaracha, muy tremenda, y cuando joven sabe que no es un ángel. Ella es consciente de la realidad en la que vive, del hoy y del ahora; incluso llega a desobedecer a su padre al leer el periódico para estar en contacto con Pranzini.

La encarnación se da en el hoy y en el ahora. El Espíritu nos mueve a cada uno para que seamos Palabra viva en nuestra realidad. Por eso, el reto de los jóvenes está en saberse encarnar en la realidad que viven, para asumir y humanizar nuestra cultura, de manera tal que cada vez rompamos con mayor facilidad los ídolos y podamos proclamar que únicamente Jesucristo es el Señor de la Historia.

Así, viviendo con verdadero Espíritu, podremos ofrecer una alegría que será inagotable, proclamando la victoria sobre todo sufrimiento, llenando de contenido todo vacío, siendo lenamente libres para amar.

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  Comentarios (2)
 1 los jovenes,teresita y juan pablo...
Escrito por roberto sforza, el 10-12-2008 06:20
CUAN FELIZ SE LO VEIA AL SANTO PADRE Y QUE ESPIRITU TERESIANO TENIA AL PROCLAMAR QUE LA JUVENTUD ES LA ESPERANZA DEL MUNDO...
 2 Escrito por jhoel dilan gutierrez guzman, el 07-07-2008 17:33
ocurrio haci sin comentarios
 
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