{"id":2520,"date":"2026-08-15T18:09:43","date_gmt":"2026-08-15T18:09:43","guid":{"rendered":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/therese\/doctora-de-la-iglesia\/"},"modified":"2026-08-15T23:17:03","modified_gmt":"2026-08-15T23:17:03","slug":"doctora-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/doctora-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Doctora de la Iglesia"},"content":{"rendered":"<p><strong>Juan Pablo II<\/strong><\/p>\n<h2>Divini Amoris Scientia<\/h2>\n<p><em>Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz es declarada Doctora de la Iglesia universal.<\/em><\/p>\n<h2>1.<\/h2>\n<p>La ciencia del amor divino, que el Padre de las misericordias derrama por Jesucristo en el Esp\u00edritu Santo, es un don, concedido a los peque\u00f1os y a los humildes, para que conozcan y proclamen los secretos del Reino, ocultos a los sabios e inteligentes: por esto Jes\u00fas se llen\u00f3 de gozo en el Esp\u00edritu Santo, y bendijo al Padre, que as\u00ed lo hab\u00eda establecido (cf. Lc 10, 21-22; Mt 11, 25-26). Tambi\u00e9n se alegra la Madre Iglesia al constatar que, en el decurso de la historia, el Se\u00f1or sigue revel\u00e1ndose a los peque\u00f1os y a los humildes, capacitando a sus elegidos, por medio del Esp\u00edritu que \u00abtodo lo sondea, hasta las profundidades de Dios\u00bb (1 Co 2, 10), para hablar de las cosas \u00abque Dios nos ha otorgado (&#8230;), no con palabras aprendidas de sabidur\u00eda humana, sino aprendidas del Esp\u00edritu, expresando realidades espirituales\u00bb (1 Co 2, 12. 13).<\/p>\n<p>De este modo el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a la Iglesia hacia la verdad plena, la dota de diversos dones, la embellece con sus frutos, la rejuvenece con la fuerza del Evangelio y la hace capaz de escrutar los signos de los tiempos, para responder cada vez mejor a la voluntad de Dios (cf. Lumen gentium, 4 y 12; Gaudium et spes, 4). Entre los peque\u00f1os, a los que han sido revelados de manera muy especial los secretos del Reino, resplandece Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz, monja profesa de la orden de los Carmelitas Descalzos, de la que este a\u00f1o se celebra el centenario de su ingreso en la patria celestial.<\/p>\n<p>Durante su vida, Teresa descubri\u00f3 \u00abluces nuevas, significados ocultos y misteriosos\u00bb (Ms A 83 v) y recibi\u00f3 del Maestro divino la \u00abciencia del amor\u00bb, que luego manifest\u00f3 con particular originalidad en sus escritos (cf. Ms B 1 r). Esa ciencia es la expresi\u00f3n luminosa de su conocimiento del misterio del Reino y de su experiencia personal de la gracia.<\/p>\n<p>Se puede considerar como un carisma particular de sabidur\u00eda evang\u00e9lica que Teresa, como otros santos y maestros de la fe, recibi\u00f3 en la oraci\u00f3n (cf. Ms C 36 r).<\/p>\n<h2>2.<\/h2>\n<p>La acogida del ejemplo de su vida y de su doctrina evang\u00e9lica ha sido r\u00e1pida, universal y constante en nuestro siglo. Casi a imitaci\u00f3n de su precoz maduraci\u00f3n espiritual, su santidad fue reconocida por la Iglesia en el espacio de pocos a\u00f1os. En efecto, el 10 de junio de 1914 P\u00edo X firm\u00f3 el decreto de incoaci\u00f3n de la causa de beatificaci\u00f3n; el 14 de agosto de 1921 Benedicto XV declar\u00f3 la heroicidad de las virtudes de la sierva de Dios, pronunciando en esa ocasi\u00f3n un discurso sobre el camino de la infancia espiritual; y P\u00edo XI la proclam\u00f3 beata el 29 de abril de 1923.<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s tarde, el 17 de mayo de 1925, el mismo Papa, ante una inmensa multitud, la canoniz\u00f3 en la bas\u00edlica de San Pedro, poniendo de relieve el esplendor de sus virtudes, as\u00ed como la originalidad de su doctrina, y dos a\u00f1os despu\u00e9s, el 14 de diciembre de 1927, acogiendo la petici\u00f3n de muchos obispos misioneros, la proclam\u00f3, junto con san Francisco Javier, patrona de las misiones. A partir de esos reconocimientos, la irradiaci\u00f3n espiritual de Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas ha aumentado en la Iglesia y se ha difundido por todo el mundo. Muchos institutos de vida consagrada y movimientos eclesiales, especialmente en las Iglesias j\u00f3venes, la han elegido como patrona y maestra, inspir\u00e1ndose en su doctrina espiritual.<\/p>\n<p>Su mensaje, a menudo sintetizado en el as\u00ed llamado \u00abcaminito\u00bb, que no es m\u00e1s que el camino evang\u00e9lico de la santidad para todos, ha sido objeto de estudio por parte de te\u00f3logos y autores de espiritualidad. Se han construido y dedicado al Se\u00f1or, bajo el patrocinio de la santa de Lisieux, catedrales, bas\u00edlicas, santuarios e iglesias en todo el mundo. La Iglesia cat\u00f3lica en sus diversos ritos, tanto de Oriente como de Occidente, celebra su culto.<\/p>\n<p>Numerosos fieles han podido experimentar el poder de su intercesi\u00f3n. Muchos, llamados al ministerio sacerdotal o a la vida consagrada, especialmente en las misiones y en la vida contemplativa, atribuyen la gracia divina de la vocaci\u00f3n a su intercesi\u00f3n y a su ejemplo.<\/p>\n<h2>3.<\/h2>\n<p>Los pastores de la Iglesia, comenzando por mis predecesores los Sumos Pont\u00edfices de este siglo, que propusieron su santidad como ejemplo para todos, tambi\u00e9n han puesto de relieve que Teresa es maestra de vida espiritual con una doctrina sencilla y, a la vez, profunda que ella tom\u00f3 de los manantiales del Evangelio bajo la gu\u00eda del Maestro divino y luego comunic\u00f3 a sus hermanos y hermanas en la Iglesia con ampl\u00edsima eficacia (cf. Ms B 2 v &#8211; 3 r). Esta doctrina espiritual nos ha sido transmitida sobre todo en su autobiograf\u00eda que, tomada de los tres manuscritos redactados por ella en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida y publicada un a\u00f1o despu\u00e9s de su muerte con el t\u00edtulo: Historia de un alma (Lisieux 1898), ha despertado extraordinario inter\u00e9s hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Esta autobiograf\u00eda, traducida, al igual que sus dem\u00e1s escritos, a cerca de cincuenta lenguas, ha dado a conocer a Teresa en todas las regiones del mundo, incluso fuera de la Iglesia cat\u00f3lica. A un siglo de distancia de su muerte, Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas sigue siendo considerada una de las grandes maestras de vida espiritual de nuestro tiempo.<\/p>\n<h2>4.<\/h2>\n<p>No es sorprendente, por tanto, que hayan llegado a la Sede apost\u00f3lica muchas peticiones para que se le conceda el t\u00edtulo de Doctora de la Iglesia universal. Desde hace algunos a\u00f1os, y especialmente al acercarse la alegre celebraci\u00f3n del primer centenario de su muerte, esas peticiones han llegado cada vez en mayor n\u00famero, incluso de parte de Conferencias episcopales. Adem\u00e1s, se han realizado congresos de estudio y abundan las publicaciones que ponen de relieve el hecho de que Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas posee una sabidur\u00eda extraordinaria y, con su doctrina, ayuda a muchos hombres y mujeres de cualquier condici\u00f3n a conocer y amar a Jesucristo y su Evangelio.<\/p>\n<p>A la luz de estos datos, decid\u00ed encargar un atento estudio para saber si la santa de Lisieux cumpl\u00eda los requisitos para poder ser declarada Doctora de la Iglesia universal.<\/p>\n<h2>5.<\/h2>\n<p>En este marco, me complace recordar brevemente algunos momentos de la vida de Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas. Nace en Alen\u00e7on (Francia) el 2 de enero de 1873. Es bautizada dos d\u00edas m\u00e1s tarde en la iglesia de Notre Dame, recibiendo los nombres de Mar\u00eda Francisca Teresa.<\/p>\n<p>Sus padres son Louis Mart\u00edn y Z\u00e9lie Gu\u00e9rin, cuyas virtudes heroicas he reconocido recientemente. Despu\u00e9s de la muerte de su madre, que acontece el 28 de agosto de 1877, Teresa se traslada con toda la familia a la ciudad de Lisieux donde, rodeada del afecto de su padre y sus hermanas, recibe una formaci\u00f3n exigente y, a la vez, llena de ternura. Hacia fines de 1879 recibe por primera vez el sacramento de la penitencia.<\/p>\n<p>En el d\u00eda de Pentecost\u00e9s de 1883 recibe la gracia singular de curar de una grave enfermedad, por intercesi\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora de las Victorias. Educada por las benedictinas de Lisieux, recibe la primera comuni\u00f3n el 8 de mayo de 1884, despu\u00e9s de una intensa preparaci\u00f3n, coronada por una singular experiencia de la gracia de la uni\u00f3n \u00edntima con Jes\u00fas. Pocas semanas m\u00e1s tarde, el 14 de junio del mismo a\u00f1o, recibe el sacramento de la confirmaci\u00f3n, con viva conciencia de lo que implica el don del Esp\u00edritu Santo en la participaci\u00f3n personal en la gracia de Pentecost\u00e9s.<\/p>\n<p>En la Navidad de 1886 vive una experiencia espiritual muy profunda, que describe como una \u00abconversi\u00f3n total\u00bb. Gracias a ella, supera la fragilidad emotiva derivada de la p\u00e9rdida de su madre e inicia \u00abuna carrera acelerada\u00bb por el camino de la perfecci\u00f3n (cf. Ms A 44 v &#8211; 45 v).<\/p>\n<p>Teresa desea abrazar la vida contemplativa, como sus hermanas Paulina y Mar\u00eda, en el Carmelo de Lisieux, pero se lo impide su corta edad. Con ocasi\u00f3n de una peregrinaci\u00f3n a Italia, despu\u00e9s de visitar la santa Casa de Loreto y los lugares de la ciudad eterna, en la audiencia que el Papa concede a los fieles de la di\u00f3cesis de Lisieux, el 20 de noviembre de 1887, con filial audacia pide a Le\u00f3n XIII el permiso para entrar en el Carmelo a la edad de 15 a\u00f1os. El 9 de abril de 1888 entra en el Carmelo de Lisieux, donde recibe el h\u00e1bito de la orden de la Virgen el 10 de enero del a\u00f1o siguiente, y emite su profesi\u00f3n religiosa el 8 de septiembre de 1890, fiesta de la Natividad de la Virgen Mar\u00eda.<\/p>\n<p>En el Carmelo emprende el camino de la perfecci\u00f3n trazado por la madre fundadora, Teresa de Jes\u00fas, con aut\u00e9ntico fervor y fidelidad, cumpliendo los diversos oficios comunitarios que se le conf\u00edan. Iluminada por la palabra de Dios y probada de modo particular por la enfermedad de su amad\u00edsimo padre, Louis Mart\u00edn, que muere el 29 de julio de 1894, Teresa se encamina hacia la santidad, insistiendo en la centralidad del amor. Descubre y comunica a las novicias encomendadas a su cuidado el caminito de la infancia espiritual, progresando en el cual ella penetra cada vez m\u00e1s en el misterio de la Iglesia y, atra\u00edda por el amor de Cristo, siente crecer en s\u00ed misma la vocaci\u00f3n apost\u00f3lica y misionera, que la impulsa a llevar a todos hacia el encuentro con el Esposo divino.<\/p>\n<p>El 9 de junio de 1895, en la fiesta de la Sant\u00edsima Trinidad, se ofrece como v\u00edctima de holocausto al amor misericordioso de Dios. El 3 de abril del a\u00f1o siguiente, en la noche entre el Jueves y el Viernes santo, tiene una primera manifestaci\u00f3n de la enfermedad que la llevar\u00e1 a la muerte. Teresa la acoge como la misteriosa visita del Esposo divino.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, entra en la prueba de la fe, que durar\u00e1 hasta su muerte. Al empeorar su salud, a partir del 8 de julio de 1897, es trasladada a la enfermer\u00eda. Sus hermanas y otras religiosas recogen sus palabras, mientras los dolores y las pruebas, sufridos con paciencia, se intensifican hasta culminar con la muerte, en la tarde del 30 de septiembre de 1897.<\/p>\n<p>\u00abYo no muero; entro en la vida\u00bb, hab\u00eda escrito a uno de sus hermanos espirituales, don Belli\u00e8re (Carta 244). Sus \u00faltimas palabras: \u00abDios m\u00edo, te amo\u00bb, son el sello de su existencia.<\/p>\n<h2>6.<\/h2>\n<p>Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas nos ha legado escritos que, con raz\u00f3n, le han merecido el t\u00edtulo de maestra de vida espiritual. Su obra principal es el relato de su vida en los tres Manuscritos autobiogr\u00e1ficos (A, B y C), publicados inicialmente con el t\u00edtulo, que pronto se hizo c\u00e9lebre, de Historia de un alma. En el Manuscrito A, redactado a petici\u00f3n de la hermana In\u00e9s de Jes\u00fas, entonces priora del monasterio, y entregado a ella el 21 de enero de 1896, Teresa describe las etapas de su experiencia religiosa: su infancia, especialmente el acontecimiento de su primera comuni\u00f3n y de la confirmaci\u00f3n, y su adolescencia, hasta el ingreso en el Carmelo y su primera profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>El Manuscrito B, redactado durante el retiro espiritual de ese mismo a\u00f1o, a petici\u00f3n de su hermana Mar\u00eda del Sagrado Coraz\u00f3n, contiene algunas de las p\u00e1ginas m\u00e1s hermosas, conocidas y citadas de la santa de Lisieux. En ellas se manifiesta la plena madurez de la santa, que habla de su vocaci\u00f3n en la Iglesia, Esposa de Cristo y Madre de las almas. El Manuscrito C, redactado en el mes de junio y en los primeros d\u00edas de julio de 1897, pocos meses antes de su muerte, y dedicado a la priora Mar\u00eda de Gonzaga, que se lo hab\u00eda pedido, completa los recuerdos del Manuscrito A sobre su vida en el Carmelo.<\/p>\n<p>Estas p\u00e1ginas revelan la sabidur\u00eda sobrenatural de la autora. Teresa narra algunas experiencias elevad\u00edsimas de este per\u00edodo final de su vida. Dedica p\u00e1ginas conmovedoras a la prueba de la fe: una gracia de purificaci\u00f3n que la sumerge en una larga y dolorosa noche oscura, iluminada por su confianza en el amor misericordioso y paternal de Dios.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, y sin repetirse, Teresa hace brillar la resplandeciente luz del Evangelio. Aqu\u00ed encontramos las p\u00e1ginas m\u00e1s hermosas, dedicadas al abandono confiado en las manos de Dios, a la unidad entre el amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo, y a su vocaci\u00f3n misionera en la Iglesia. Teresa, en estos tres manuscritos diversos, que coinciden en una unidad tem\u00e1tica y en una progresiva descripci\u00f3n de su vida y de su camino espiritual, nos ha entregado una original autobiograf\u00eda, que es la historia de su alma.<\/p>\n<p>En ella se pone claramente de manifiesto que en su existencia Dios ofrece al mundo un mensaje preciso, al se\u00f1alar un camino evang\u00e9lico, el \u00abcaminito\u00bb, que todos pueden recorrer, porque todos est\u00e1n llamados a la santidad. En sus 266 Cartas que conservamos, dirigidas a familiares, a religiosas y a los \u00abhermanos\u00bb misioneros, Teresa comunica su sabidur\u00eda, desarrollando una doctrina que constituye de hecho un profundo ejercicio de direcci\u00f3n espiritual de almas. Forman parte de sus escritos tambi\u00e9n 54 Poes\u00edas, algunas de las cuales entra\u00f1an gran profundidad teol\u00f3gica y espiritual, inspiradas en la sagrada Escritura.<\/p>\n<p>Entre ellas merecen especial menci\u00f3n \u00abVivir de amor\u00bb (Poes\u00edas, 17) y \u00abPor qu\u00e9 te amo, Mar\u00eda\u00bb (Poes\u00edas, 54), s\u00edntesis original del camino de la Virgen Mar\u00eda seg\u00fan el Evangelio. A esta producci\u00f3n hay que a\u00f1adir 8 Recreaciones piadosas: composiciones po\u00e9ticas y teatrales, ideadas y representadas por la Santa para su comunidad con ocasi\u00f3n de algunas fiestas, seg\u00fan la tradici\u00f3n del Carmelo. Entre los dem\u00e1s escritos, conviene recordar una serie de 21 Oraciones y la colecci\u00f3n de sus palabras pronunciadas durante los \u00faltimos meses de vida.<\/p>\n<p>Esas palabras, de las que se conservan varias redacciones, son conocidas como Novissima verba o \u00daltimas conversaciones.<\/p>\n<h2>7.<\/h2>\n<p>El an\u00e1lisis esmerado de los escritos de santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, y la resonancia que han tenido en la Iglesia, permiten descubrir los aspectos principales de la \u00abdoctrina eminente\u00bb, que constituye el elemento fundamental en el que se basa la atribuci\u00f3n del t\u00edtulo de Doctora de la Iglesia. Ante todo, se constata la existencia de un particular carisma de sabidur\u00eda. En efecto, esta joven carmelita, sin una especial preparaci\u00f3n teol\u00f3gica, pero iluminada por la luz del Evangelio, se siente instruida por el Maestro divino que, como ella dice, es \u00abel Doctor de los doctores\u00bb (Ms A 83 v), el cual le comunica las \u00abense\u00f1anzas divinas\u00bb (Ms B 1 r).<\/p>\n<p>Siente que en ella se han cumplido las palabras de la Escritura: \u00abEl que sea sencillo, venga a m\u00ed&#8230;; al peque\u00f1o se le concede la misericordia\u00bb (Ms B 1 v; cf. Pr 9, 4; Sb 6, 6) y sabe que ha sido instruida en la ciencia del amor, oculta a los sabios y a los inteligentes, que el Maestro divino se ha dignado revelarle a ella, como a los peque\u00f1os (cf. Ms A 49 r; Lc 10, 21-22).<\/p>\n<p>P\u00edo XI, que consider\u00f3 a Teresa de Lisieux como \u00abestrella de su pontificado\u00bb, no dud\u00f3 en afirmar en la homil\u00eda del d\u00eda de su canonizaci\u00f3n, el 17 de mayo del a\u00f1o 1925: \u00abEl Esp\u00edritu de la verdad le abri\u00f3 y manifest\u00f3 las verdades que suele ocultar a los sabios e inteligentes y revelar a los peque\u00f1os, pues ella, como atestigua nuestro inmediato predecesor, destac\u00f3 tanto en la ciencia de las cosas sobrenaturales, que se\u00f1al\u00f3 a los dem\u00e1s el camino cierto de la salvaci\u00f3n\u00bb (AAS 17 [1925] p. 213). Su ense\u00f1anza no s\u00f3lo es acorde con la Escritura y la fe cat\u00f3lica, sino que tambi\u00e9n resalta por la profundidad y la s\u00edntesis sapiencial lograda. Su doctrina es, a la vez, una profesi\u00f3n de la fe de la Iglesia, una experiencia del misterio cristiano y un camino hacia la santidad.<\/p>\n<p>Teresa ofrece una s\u00edntesis madura de la espiritualidad cristiana: une la teolog\u00eda y la vida espiritual, se expresa con vigor y autoridad, con gran capacidad de persuasi\u00f3n y de comunicaci\u00f3n, como lo demuestra la aceptaci\u00f3n y la difusi\u00f3n de su mensaje en el pueblo de Dios. La ense\u00f1anza de Teresa manifiesta con coherencia y une en un conjunto armonioso los dogmas de la fe cristiana como doctrina de verdad y experiencia de vida. A este respecto, no conviene olvidar que, como ense\u00f1a el concilio Vaticano II, la inteligencia del dep\u00f3sito de la fe transmitido por los Ap\u00f3stoles progresa en la Iglesia bajo la asistencia del Esp\u00edritu Santo: \u00abCrece la comprensi\u00f3n de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repas\u00e1ndolas en su coraz\u00f3n (cf.<\/p>\n<p>Lc 2, 19 y 51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles en el carisma de la verdad\u00bb (Dei Verbum, 8). Tal vez en los escritos de Teresa de Lisieux no encontramos, como en otros Doctores, una presentaci\u00f3n cient\u00edficamente elaborada de las cosas de Dios, pero en ellos podemos descubrir un testimonio iluminado de la fe que, mientras acoge con amor confiado la condescendencia misericordiosa de Dios y la salvaci\u00f3n en Cristo, revela el misterio y la santidad de la Iglesia. As\u00ed pues, con raz\u00f3n se puede reconocer en la santa de Lisieux el carisma de Doctora de la Iglesia, tanto por el don del Esp\u00edritu Santo, que recibi\u00f3 para vivir y expresar su experiencia de fe, como por su particular inteligencia del misterio de Cristo.<\/p>\n<p>En ella confluyen los dones de la ley nueva, es decir, la gracia del Esp\u00edritu Santo, que se manifiesta en la fe viva que act\u00faa por medio de la caridad (cf. santo Tom\u00e1s de Aquino, Summa Theol. I-II, q. 106, art. 1; q. 108, art. 1). Podemos aplicar a Teresa de Lisieux lo que dijo mi predecesor Pablo VI de otra joven santa, Doctora de la Iglesia, Catalina de Siena: \u00abLo que m\u00e1s impresiona en esta santa es la sabidur\u00eda infusa, es decir, la l\u00facida, profunda y arrebatadora asimilaci\u00f3n de las verdades divinas y de los misterios de la fe (&#8230;): una asimilaci\u00f3n favorecida, ciertamente, por dotes naturales singular\u00edsimas, pero evidentemente prodigiosa, debida a un carisma de sabidur\u00eda del Esp\u00edritu Santo\u00bb (AAS 62 [1970] p. 675).<\/p>\n<h2>8.<\/h2>\n<p>Con su peculiar doctrina y su estilo inconfundible, Teresa se presenta como una aut\u00e9ntica maestra de la fe y de la vida cristiana. Por sus escritos, al igual que por las afirmaciones de los Santos Padres, pasa la vivificante linfa de la tradici\u00f3n cat\u00f3lica, cuyas riquezas, como atestigua tambi\u00e9n el concilio Vaticano II, \u00abvan pasando a la pr\u00e1ctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora\u00bb (Dei Verbum, 8). La doctrina de Teresa de Lisieux, si se analiza en su g\u00e9nero literario, correspondiente a su educaci\u00f3n y a su cultura, y si se estudia a la luz de las particulares circunstancias de su \u00e9poca, coincide de modo providencial con la m\u00e1s genuina tradici\u00f3n de la Iglesia, tanto por la profesi\u00f3n de la fe cat\u00f3lica como por la promoci\u00f3n de la m\u00e1s aut\u00e9ntica vida espiritual, propuesta a todos los fieles con un lenguaje vivo y accesible.<\/p>\n<p>Ella ha hecho resplandecer en nuestro tiempo el atractivo del Evangelio; ha cumplido la misi\u00f3n de hacer conocer y amar a la Iglesia, Cuerpo m\u00edstico de Cristo; ha ayudado a curar las almas de los rigores y de los temores de la doctrina jansenista, m\u00e1s propensa a subrayar la justicia de Dios que su divina misericordia. Ha contemplado y adorado en la misericordia de Dios todas las perfecciones divinas, porque \u00abincluso la justicia de Dios, y tal vez m\u00e1s que cualquier otra perfecci\u00f3n, me parece revestida de amor\u00bb (Ms A 83 v). As\u00ed se ha convertido en una imagen viva de aquel Dios que, como reza la oraci\u00f3n de la Iglesia, \u00abmanifiesta especialmente su poder con el perd\u00f3n y la misericordia\u00bb (cf.<\/p>\n<p>Misal romano, oraci\u00f3n colecta del domingo XXVI del tiempo ordinario). Aunque Teresa no tiene propiamente un cuerpo doctrinal, sus escritos irradian particulares fulgores de doctrina que, como por un carisma del Esp\u00edritu Santo, captan el centro mismo del mensaje de la Revelaci\u00f3n en una visi\u00f3n original e in\u00e9dita, presentando una ense\u00f1anza cualitativamente eminente. En efecto, el n\u00facleo de su mensaje es el misterio mismo de Dios Amor, de Dios Trinidad, infinitamente perfecto en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Si la genuina experiencia espiritual cristiana debe coincidir con las verdades reveladas, en las que Dios se revela a s\u00ed mismo y manifiesta el misterio de su voluntad (cf. Dei Verbum, 2), es preciso afirmar que Teresa experiment\u00f3 la revelaci\u00f3n divina, llegando a contemplar las realidades fundamentales de nuestra fe encerradas en el misterio de la vida trinitaria. En la cima, como manantial y t\u00e9rmino, el amor misericordioso de las tres divinas Personas, como ella lo expresa, especialmente en su Acto de consagraci\u00f3n al Amor misericordioso.<\/p>\n<p>Por parte del sujeto, en la base se halla la experiencia de ser hijos adoptivos del Padre en Jes\u00fas; ese es el sentido m\u00e1s aut\u00e9ntico de la infancia espiritual, es decir, la experiencia de la filiaci\u00f3n divina bajo el impulso del Esp\u00edritu Santo. Tambi\u00e9n en la base, y ante nosotros, est\u00e1 el pr\u00f3jimo, los dem\u00e1s, en cuya salvaci\u00f3n debemos colaborar con Jes\u00fas y en \u00e9l, con su mismo amor misericordioso. Con la infancia espiritual experimentamos que todo viene de Dios, a \u00e9l vuelve y en \u00e9l permanece, para la salvaci\u00f3n de todos, en un misterio de amor misericordioso.<\/p>\n<p>Ese es el mensaje doctrinal que ense\u00f1\u00f3 y vivi\u00f3 esta santa. Como para los santos de la Iglesia de todos los tiempos, tambi\u00e9n para ella, en su experiencia espiritual, el centro y la plenitud de la revelaci\u00f3n es Cristo. Teresa conoci\u00f3 a Jes\u00fas, lo am\u00f3 y lo hizo amar con la pasi\u00f3n de una esposa.<\/p>\n<p>Penetr\u00f3 en los misterios de su infancia, en las palabras de su Evangelio, en la pasi\u00f3n del Siervo que sufre, esculpida en su santa Faz, en el esplendor de su existencia gloriosa y en su presencia eucar\u00edstica. Cant\u00f3 todas las expresiones de la caridad divina de Cristo, como las presenta el Evangelio (cf. Poes\u00edas, 24 \u00abAcu\u00e9rdate, mi Amor\u00bb).<\/p>\n<p>Teresa recibi\u00f3 una iluminaci\u00f3n particular sobre la realidad del Cuerpo m\u00edstico de Cristo, sobre la variedad de sus carismas, dones del Esp\u00edritu Santo, sobre la fuerza eminente de la caridad, que es el coraz\u00f3n mismo de la Iglesia, en la que ella encontr\u00f3 su vocaci\u00f3n de contemplativa y misionera (cf. Ms B 2 r &#8211; 3 v). Por \u00faltimo, entre los cap\u00edtulos m\u00e1s originales de su ciencia espiritual conviene recordar la sabia investigaci\u00f3n que Teresa realiz\u00f3 sobre el misterio y el camino de la Virgen Mar\u00eda, llegando a resultados muy cercanos a la doctrina del concilio Vaticano II en el cap\u00edtulo VIII de la constituci\u00f3n Lumen gentium y a lo que yo mismo expuse en mi carta enc\u00edclica Redemptoris Mater, del 25 de marzo de 1987.<\/p>\n<h2>9.<\/h2>\n<p>La fuente principal de su experiencia espiritual y de su ense\u00f1anza es la palabra de Dios, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Ella misma lo confiesa, especialmente poniendo de relieve su amor apasionado al Evangelio (cf. Ms A 83 v).<\/p>\n<p>En sus escritos se cuentan m\u00e1s de mil citas b\u00edblicas: m\u00e1s de cuatrocientas del Antiguo Testamento y m\u00e1s de seiscientas del Nuevo. A pesar de que no ten\u00eda preparaci\u00f3n y de que carec\u00eda de medios adecuados para el estudio y la interpretaci\u00f3n de los libros sagrados, Teresa se entreg\u00f3 a la meditaci\u00f3n de la palabra de Dios con una fe y un empe\u00f1o singulares. Bajo el influjo del Esp\u00edritu logr\u00f3, para s\u00ed y para los dem\u00e1s, un profundo conocimiento de la Revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Concentr\u00e1ndose amorosamente en la Escritura -manifest\u00f3 que le hubiera gustado conocer el hebreo y el griego para comprender mejor el esp\u00edritu y la letra de los libros sagrados- puso de manifiesto la importancia que las fuentes b\u00edblicas tienen en la vida espiritual, destac\u00f3 la originalidad y la lozan\u00eda del Evangelio, cultiv\u00f3 con sobriedad la ex\u00e9gesis espiritual de la palabra de Dios, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo. De esta forma, descubri\u00f3 tesoros ocultos, asumiendo palabras y episodios, a veces con gran audacia sobrenatural, como cuando, leyendo los textos de san Pablo (cf. 1 Co 12-13), intuy\u00f3 su vocaci\u00f3n al amor (cf. Ms B 3 r &#8211; 3 v).<\/p>\n<p>Iluminada por la palabra revelada, Teresa escribi\u00f3 p\u00e1ginas admirables sobre la unidad entre el amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo (cf. Ms C 11 v &#8211; 19 r) y se sumergi\u00f3 con la oraci\u00f3n de Jes\u00fas en la \u00faltima Cena, como expresi\u00f3n de su intercesi\u00f3n por la salvaci\u00f3n de todos (cf. Ms C 34 r &#8211; 35 r).<\/p>\n<p>Su doctrina coincide, como ya he dicho, con la ense\u00f1anza de la Iglesia. Ya desde ni\u00f1a, sus familiares le ense\u00f1aron a participar en la oraci\u00f3n y en el culto lit\u00fargico. Al prepararse para su primera confesi\u00f3n, para su primera Comuni\u00f3n y para el sacramento de la confirmaci\u00f3n, mostr\u00f3 un amor extraordinario a las verdades de la fe, y se aprendi\u00f3 casi al pie de la letra el Catecismo (cf.<\/p>\n<p>Ms A 37 r &#8211; 37 v). Al final de su vida, escribi\u00f3 con su propia sangre el S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles, como expresi\u00f3n de su adhesi\u00f3n sin reservas a la profesi\u00f3n de fe. Teresa no s\u00f3lo se aliment\u00f3 con las palabras de la Escritura y la doctrina de la Iglesia, sino tambi\u00e9n, desde su ni\u00f1ez, con la ense\u00f1anza de la Imitaci\u00f3n de Cristo, que, como confiesa ella misma, se sab\u00eda casi de memoria (cf.<\/p>\n<p>Ms A 47 r). En la realizaci\u00f3n de su vocaci\u00f3n carmelita fueron decisivos los textos espirituales de la madre fundadora, santa Teresa de Jes\u00fas, especialmente los que explican el sentido contemplativo y eclesial del carisma del Carmelo teresiano (cf. Ms C 33 v).<\/p>\n<p>Pero de modo muy especial Teresa se aliment\u00f3 de la doctrina m\u00edstica de san Juan de la Cruz, que fue su verdadero maestro espiritual (cf. Ms A 83 r). As\u00ed pues, no es sorprendente que, siguiendo la escuela de estos dos santos, declarados posteriormente Doctores de la Iglesia, tambi\u00e9n ella, \u00f3ptima disc\u00edpula, se haya convertido en maestra de vida espiritual.<\/p>\n<h2>10.<\/h2>\n<p>La doctrina espiritual de Teresa de Lisieux ha contribuido a la extensi\u00f3n del reino de Dios. Con su ejemplo de santidad, de perfecta fidelidad a la Madre Iglesia, de plena comuni\u00f3n con la Sede de Pedro, as\u00ed como con las particulares gracias que ha obtenido para muchos hermanos y hermanas misioneros, ha prestado un servicio particular a la renovada proclamaci\u00f3n y experiencia del Evangelio de Cristo y a la difusi\u00f3n de la fe cat\u00f3lica en todas las naciones de la tierra. No es necesario insistir mucho en la universalidad de la doctrina teresiana y la amplia aceptaci\u00f3n de su mensaje durante el siglo que ha transcurrido desde su muerte, pues est\u00e1n muy bien documentadas en los estudios realizados con vistas a la concesi\u00f3n del t\u00edtulo de Doctora de la Iglesia a esta santa.<\/p>\n<p>Reviste particular importancia, a este respecto, el hecho de que el Magisterio de la Iglesia no s\u00f3lo ha reconocido la santidad de Teresa, sino que tambi\u00e9n ha puesto de relieve su sabidur\u00eda y su doctrina. Ya P\u00edo X dijo de ella que era \u00abla santa m\u00e1s grande de los tiempos modernos\u00bb. Acogiendo con alegr\u00eda la primera edici\u00f3n italiana de la Historia de un alma, quiso destacar los frutos que se obten\u00edan de la espiritualidad teresiana.<\/p>\n<p>Benedicto XV, con ocasi\u00f3n de la proclamaci\u00f3n de la heroicidad de las virtudes de la sierva de Dios, ilustr\u00f3 el camino de la infancia espiritual y alab\u00f3 la ciencia de las realidades divinas, concedida por Dios a Teresa, para ense\u00f1ar a los dem\u00e1s los caminos de la salvaci\u00f3n (cf. AAS 13 [1921] pp. 449-452). P\u00edo XI, tanto con motivo de su beatificaci\u00f3n como de su canonizaci\u00f3n, quiso exponer y recomendar la doctrina de la santa, subrayando la particular iluminaci\u00f3n divina (Discorsi di Pio XI, vol.<\/p>\n<p>I, Torino 1959, p. 91) y defini\u00e9ndola maestra de vida (cf. AAS 17 [1925] pp. 211-214). P\u00edo XII, con ocasi\u00f3n de la consagraci\u00f3n de la bas\u00edlica de Lisieux en el a\u00f1o 1954, afirm\u00f3, entre otras cosas, que Teresa hab\u00eda penetrado con su doctrina en el coraz\u00f3n mismo del Evangelio (cf.<\/p>\n<p>AAS 46 [1954] pp. 404-408). El cardenal Angelo Roncalli, futuro Papa Juan XXIII, visit\u00f3 varias veces Lisieux, especialmente cuando era nuncio en Par\u00eds. Durante su pontificado manifest\u00f3 en diversas circunstancias su devoci\u00f3n por la santa e ilustr\u00f3 las relaciones entre la doctrina de la santa de \u00c1vila y la de su hija, Teresa de Lisieux (Discorsi, Messaggi, Colloqui, vol.<\/p>\n<p>II [1959-1960] pp. 771-772). Durante la celebraci\u00f3n del concilio Vaticano II, varias veces los padres evocaron su ejemplo y su doctrina. Pablo VI, con motivo del centenario de su nacimiento, el 2 de enero de 1973, dirigi\u00f3 una carta al obispo de Bayeux y Lisieux, en la que destacaba el ejemplo de Teresa en la b\u00fasqueda de Dios, la propon\u00eda como maestra de oraci\u00f3n y de esperanza teologal, y modelo de comuni\u00f3n con la Iglesia, recomendando el estudio de su doctrina a los maestros, a los educadores, a los pastores e incluso a los te\u00f3logos (cf.<\/p>\n<p>AAS 65 [1973] pp. 12-15). Yo mismo, en varias circunstancias, me he referido a la figura y a la doctrina de la santa, de modo especial con ocasi\u00f3n de mi inolvidable visita a Lisieux, el 2 de junio de 1980, cuando quise recordar a todos: \u00abDe Teresa de Lisieux se puede decir con seguridad que el Esp\u00edritu de Dios permiti\u00f3 a su coraz\u00f3n revelar directamente a los hombres de nuestro tiempo el misterio fundamental, la realidad del Evangelio (&#8230;). El &quot;caminito&quot; es el itinerario de la &quot;infancia espiritual&quot;.<\/p>\n<p>Hay en \u00e9l algo \u00fanico, un car\u00e1cter propio de santa Teresa de Lisieux. En \u00e9l se encuentra, al mismo tiempo, la confirmaci\u00f3n y la renovaci\u00f3n de la verdad m\u00e1s fundamental y m\u00e1s universal. \u00bfQu\u00e9 verdad hay en el mensaje evang\u00e9lico m\u00e1s fundamental y m\u00e1s universal que \u00e9sta: Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos?\u00bb (L&#x27;Osservatore Romano, edici\u00f3n en lengua espa\u00f1ola, 15 de junio de 1980, p. 15). Estas breves referencias a una ininterrumpida serie de testimonios de los Papas de este siglo sobre la santidad y la doctrina de santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y a la difusi\u00f3n universal de su mensaje, expresan claramente hasta qu\u00e9 punto la Iglesia ha acogido, en sus pastores y en sus fieles, la doctrina espiritual de esta joven santa.<\/p>\n<p>Signo de la aceptaci\u00f3n eclesial de la ense\u00f1anza de la Santa es el hecho de que el Magisterio ordinario de la Iglesia en muchos documentos ha recurrido a esa doctrina, especialmente al tratar de la vocaci\u00f3n contemplativa y misionera, de la confianza en Dios justo y misericordioso, de la alegr\u00eda cristiana y de la vocaci\u00f3n a la santidad. Lo atestigua la presencia de su doctrina en el reciente Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (nn. 127, 826, 956, 1.011, 2.011 y 2.558). Ella, que tanto se esforz\u00f3 por aprender en el catecismo las verdades de la fe, ha merecido ser incluida entre los autores m\u00e1s destacados de la doctrina cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Teresa tiene una universalidad singular. Su persona y el mensaje evang\u00e9lico del \u00abcaminito\u00bb de la confianza y de la infancia espiritual han encontrado y siguen encontrando una acogida sorprendente en todo el mundo. El influjo de su mensaje abarca ante todo a los hombres y mujeres cuya santidad o virtudes heroicas la Iglesia ha reconocido, pastores de la Iglesia, te\u00f3logos y autores de espiritualidad, sacerdotes y seminaristas, religiosos y religiosas, movimientos eclesiales y comunidades nuevas, hombres y mujeres de cualquier condici\u00f3n y de todos los continentes.<\/p>\n<p>A todos Teresa les ofrece su personal confirmaci\u00f3n de que el misterio cristiano, del que es testigo y ap\u00f3stol mediante la oraci\u00f3n al convertirse, como ella afirma con audacia, en \u00abap\u00f3stol de los ap\u00f3stoles\u00bb (Ms A 56 r), debe tomarse al pie de la letra, con el mayor realismo posible, porque tiene un valor universal en el tiempo y en el espacio. La fuerza de su mensaje radica en que explica de modo concreto c\u00f3mo todas las promesas de Jes\u00fas se cumplen plenamente en el creyente que acoge con confianza en su vida la presencia salvadora del Redentor.<\/p>\n<h2>11.<\/h2>\n<p>Todas estas razones constituyen un claro testimonio de la actualidad de la doctrina de la santa de Lisieux y del particular influjo de su mensaje en los hombres y mujeres de nuestro siglo. Adem\u00e1s, concurren algunas circunstancias que hacen a\u00fan m\u00e1s significativa su designaci\u00f3n como maestra para la Iglesia en nuestro tiempo. Ante todo, Teresa es una mujer que, leyendo el Evangelio, supo captar sus riquezas escondidas con la forma concreta y la profunda resonancia vital y sapiencial propia del genio femenino.<\/p>\n<p>Entre las innumerables mujeres santas que resplandecen por la sabidur\u00eda del Evangelio ella destaca por su universalidad. Teresa es, adem\u00e1s, una contemplativa. En el ocultamiento de su Carmelo vivi\u00f3 de tal modo la gran aventura de la experiencia cristiana, que lleg\u00f3 a conocer la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo (cf.<\/p>\n<p>Ef 3, 18-19). Dios quiso que no permanecieran ocultos sus secretos, por eso capacit\u00f3 a Teresa para proclamar los secretos del Rey (cf. Ms C 2 v).<\/p>\n<p>Con su vida, Teresa da un testimonio y una ilustraci\u00f3n teol\u00f3gica de la belleza de la vida contemplativa, como total entrega a Cristo, Esposo de la Iglesia, y como afirmaci\u00f3n viva del primado de Dios sobre todas las cosas. Su vida, a pesar de ser oculta, posee una fecundidad escondida para la difusi\u00f3n del Evangelio e inunda a la Iglesia y al mundo del buen olor de Cristo (cf. Carta 169, 2 v).<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, Teresa de Lisieux es una joven. Alcanz\u00f3 la madurez de la santidad en plena juventud (cf. Ms C 4 r).<\/p>\n<p>Como tal se presenta como maestra de vida evang\u00e9lica, particularmente eficaz a la hora de iluminar las sendas de los j\u00f3venes, a los que corresponde ser protagonistas y testigos del Evangelio entre las nuevas generaciones. Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas no s\u00f3lo es, por su edad, la Doctora m\u00e1s joven de la Iglesia, sino tambi\u00e9n la m\u00e1s cercana a nosotros en el tiempo; as\u00ed se subraya la continuidad con la que el Esp\u00edritu del Se\u00f1or env\u00eda a la Iglesia sus mensajeros, hombres y mujeres, como maestros y testigos de la fe. En efecto, a pesar de los cambios que se producen en el decurso de la historia y de las repercusiones que suelen tener en la vida y en el pensamiento de los hombres de las diversas \u00e9pocas, no debemos perder de vista la continuidad que une entre s\u00ed a los Doctores de la Iglesia: en cualquier contexto hist\u00f3rico, siguen siendo testigos del Evangelio que no cambia y, con la luz y la fuerza que les viene del Esp\u00edritu, se hacen sus mensajeros, volviendo a anunciarlo en su integridad a sus contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>Teresa es maestra para nuestro tiempo, sediento de palabras vivas y esenciales, de testimonios heroicos y cre\u00edbles. Por eso, es amada y aceptada tambi\u00e9n por hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas e incluso por muchos no cristianos.<\/p>\n<h2>12.<\/h2>\n<p>En este a\u00f1o, en que se conmemora el centenario de la gloriosa muerte de Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz, mientras nos preparamos para la celebraci\u00f3n del gran jubileo del a\u00f1o 2000, habiendo recibido numerosas y autorizadas peticiones, especialmente de muchas Conferencias episcopales de todo el mundo, y habiendo acogido la petici\u00f3n oficial, o Supplex Libellus, que me dirigieron el 8 de marzo de 1997 el obispo de Bayeux y Lisieux, el prep\u00f3sito general de la orden de los Carmelitas Descalzos de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda del Monte Carmelo, y el postulador general de la misma orden, decid\u00ed encomendar a la Congregaci\u00f3n para las causas de los santos, competente en esta materia, \u00abdespu\u00e9s de haber obtenido el parecer de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, por lo que se refiere a la doctrina eminente\u00bb (constituci\u00f3n apost\u00f3lica Pastor bonus, 73), el peculiar estudio de la causa para conceder el t\u00edtulo de Doctora a esta santa. Reunida la documentaci\u00f3n necesaria, las dos citadas Congregaciones abordaron la cuesti\u00f3n en sus respectivas Consultas: la de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe el 5 de mayo de 1997, por lo que ata\u00f1e a la \u00abdoctrina eminente\u00bb, y la de la Congregaci\u00f3n para las causas de los santos el 29 de mayo del mismo a\u00f1o, para examinar la especial \u00abPositio\u00bb. El 17 de junio sucesivo, los cardenales y los obispos miembros de esas Congregaciones, siguiendo un procedimiento aprobado por m\u00ed para esa ocasi\u00f3n, se reunieron en una Asamblea interdicasterial plenaria y discutieron la Causa, expresando por unanimidad un parecer favorable a la concesi\u00f3n a santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz del t\u00edtulo de Doctora de la Iglesia universal.<\/p>\n<p>Dicho parecer me fue notificado personalmente por el se\u00f1or cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, y por monse\u00f1or Alberto Bovone, arzobispo titular de Cesarea de Numidia, pro-prefecto de la Congregaci\u00f3n para las causas de los santos. Teniendo todo eso en cuenta, el pasado 24 de agosto, durante la plegaria del \u00c1ngelus, en presencia de centenares de obispos y ante una inmensa multitud de j\u00f3venes de todo el mundo, reunida en Par\u00eds para la XII Jornada mundial de la juventud, quise anunciar personalmente mi intenci\u00f3n de proclamar a Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz Doctora de la Iglesia universal con ocasi\u00f3n de la celebraci\u00f3n de la Jornada mundial de las misiones (en Roma). Hoy, 19 de octubre de 1997, en la plaza de San Pedro, llena de fieles procedentes de todo el mundo, y en presencia de numerosos cardenales, arzobispos y obispos, durante la solemne celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, he proclamado Doctora de la Iglesia universal a Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz, con estas palabras: \u00abAcogiendo los deseos de gran n\u00famero de hermanos en el episcopado y de much\u00edsimos fieles de todo el mundo, tras haber escuchado el parecer de la Congregaci\u00f3n para las causas de los santos y obtenido el voto de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe en lo que se refiere a la doctrina eminente, con conocimiento cierto y madura deliberaci\u00f3n, en virtud de la plena autoridad apost\u00f3lica, declaramos a santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz, virgen, Doctora de la Iglesia universal.<\/p>\n<p>En el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb. Realizado ese acto del modo debido, establecemos que esta carta apost\u00f3lica sea religiosamente conservada y produzca pleno efecto tanto ahora como en el futuro; y que, adem\u00e1s, seg\u00fan sus disposiciones se juzgue y se defina justamente, y que sea vano y sin fundamento cuanto alguien pueda atentar contra las mismas, con cualquier tipo de autoridad, tanto conscientemente como por ignorancia. Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el d\u00eda 19 del mes de octubre del a\u00f1o del Se\u00f1or 1997, vig\u00e9simo de mi pontificado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Pablo II Divini Amoris Scientia Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz es declarada Doctora de la Iglesia universal. 1. 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