{"id":2618,"date":"2007-09-02T02:14:35","date_gmt":"2007-09-02T02:14:35","guid":{"rendered":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/nan-18\/"},"modified":"2026-08-16T02:32:59","modified_gmt":"2026-08-16T02:32:59","slug":"fe-en-el-amor-misericordioso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/fe-en-el-amor-misericordioso\/","title":{"rendered":"Fe en el Amor Misericordioso"},"content":{"rendered":"<p><em>Nosotros hemos cre\u00eddo en el amor que Dios nos tiene<\/em> (1 Jn. 4, 16). Estas palabras que leemos en la primera Ep\u00edstola de San Juan son el eco de sus m\u00e1s \u00edntimos sentimientos; brotan del coraz\u00f3n del disc\u00edpulo amado como un canto triunfal. Con t\u00e9rminos parecidos e igual estremecimiento de alma, la Carmelita de Lisieux expresa su fe en el Amor Infinito de Dios. Su santidad, su doctrina, su vida toda, son la manifestaci\u00f3n de esa fe. La fe en el Amor, fe firme, sencilla, ingenua, es la esencia del esp\u00edritu de Teresa, su m\u00e1s \u00edntimo secreto.<\/p>\n<p>Se habla mucho, y no sin fundamento, del amor de Teresa a Dios Nuestro Se\u00f1or. El amor es el m\u00f3vil de sus actos, el t\u00e9rmino de su perfecci\u00f3n; es su sello caracter\u00edstico. Teresa es el amor filial viviente, el Evangelio vivido. \u00abNo he dado a Dios m\u00e1s que amor\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abYa lo he dicho; lo \u00fanico que vale es el amor\u00bb. Pero se olvida cu\u00e1l fue la ra\u00edz, el verdadero secreto de ese amor a Dios. Su fe en el Amor de Dios hacia ella. La raz\u00f3n de este olvido es que Teresa vive esta fe con tal sencillez, con tan encantadora naturalidad y profundidad, que sentimos su influencia sin que se nos ocurra analizarla o formularla en un principio vital.<\/p>\n<p>Sin embargo, nos ser\u00e1 provechoso este principio estudiando el coraz\u00f3n de Teresa a lo largo de estas p\u00e1ginas. S\u00f3lo as\u00ed la conoceremos \u00edntimamente.<\/p>\n<p>1\u00ba Fe de Teresa en el Amor.<\/p>\n<p>2\u00ba El Amor, objeto de esa fe.<\/p>\n<p><strong>1<\/strong> <\/p>\n<p>La oraci\u00f3n, en frase de Santa Teresa de \u00c1vila, es: \u00abTratar de amistad con quien sabemos nos ama.\u00bb En la mente de la gran contemplativa, la condici\u00f3n primera e indispensable para que reine esa amistad entre Dios y el alma es, por parte de \u00e9sta, una fe firme, inquebrantable, en el amor de Dios hacia ella. Fe divina que le infunde la seguridad, la certidumbre de ser amada por el Todopoderoso.<\/p>\n<p>Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas vivi\u00f3 en grado eminente esta verdad. No conceb\u00eda ella a Dios sino a la luz de la profunda expresi\u00f3n de San Juan: <em>Dios es caridad<\/em> (1 Jn. 4, 16). No sin designio especial de Dios, Teresa, hu\u00e9rfana de madre desde su primera infancia, se volc\u00f3 en la persona de su padre, y adquiri\u00f3 la experiencia, dig\u00e1moslo as\u00ed, del amor paterno m\u00e1s tierno y sol\u00edcito. Nada tiene, pues, de extra\u00f1o que apenas oy\u00f3 hablar de Dios, de un Dios Bueno, de un Dios que es \u00abNuestro Padre\u00bb, su alma de ni\u00f1a se sintiese naturalmente inclinada a represent\u00e1rselo a imagen de su padre de la tierra. Y procediendo sin saberlo por el m\u00e9todo que los te\u00f3logos llaman \u00abvia excellentiae\u00bb, aplic\u00f3 a Dios, superado hasta el extremo, hasta lo infinito, el amor de su padre, su ternura, su solicitud.<\/p>\n<p>Dios se presenta al esp\u00edritu y, sobre todo, al coraz\u00f3n de Teresa (no olvidemos su psicolog\u00eda, m\u00e1s afectiva que intelectual) como un verdadero Padre; el Padre m\u00e1s amante, el m\u00e1s tierno, el que sintetiza en Si mismo la verdadera y aut\u00e9ntica Paternidad en su m\u00e1s alto grado. <em>Nadie tan Padre<\/em> (Tertuliano). <em>El Padre de quien deriva toda paternidad en el cielo y en la tierra<\/em> (Ef. 3, 1415). Dios es nuestro Padre. Esta es la primera ense\u00f1anza del Evangelio. Y la vida de Teresa (tendremos ocasi\u00f3n de repetirlo m\u00e1s de una vez) es el comentario m\u00e1s sencillo y m\u00e1s hermoso del Evangelio.<\/p>\n<p>La atm\u00f3sfera en que vivi\u00f3 y se expansion\u00f3 el alma de Teresa fue, desde el principio, la fe en el amor paternal de Dios hacia ella, en el amor de Dios su Padre, ante quien se ve ni\u00f1a pobrecita. Y esta fe es la ra\u00edz de donde brota toda su vida espiritual con sus virtudes caracter\u00edsticas: amor, humildad, confianza, abandono, alegr\u00eda. Estas virtudes, tan sencillas y evang\u00e9licas, son como el fruto espont\u00e1neo de la fe en el Amor de un Dios Bueno; El mismo la deposit\u00f3 en el alma de Teresa, como grano de mostaza destinado a convertirse en \u00e1rbol frondoso. \u00a1Alma privilegiada!, dir\u00e1 alguno. Ciertamente; pero su privilegio consisti\u00f3 no tanto en haber recibido ese don cuanto en comprender que lo hab\u00eda recibido. Por eso se le confi\u00f3 la misi\u00f3n de ense\u00f1arnos que tenemos el mismo privilegio que ella: el de ser objeto del amor paternal de nuestro Padre Dios.<\/p>\n<p>Su vida es sencillamente vida de fe; fe esencialmente evang\u00e9lica; fe en el amor de Dios al hombre. Su alma tiene la persuasi\u00f3n de que es infinitamente amada. Y para corresponder a este llamamiento del amor s\u00f3lo tiene un deseo, un ideal: amar. La fe pura es el faro que la ilumina y a su luz camina sin inquietud, sin vacilaci\u00f3n. Cuando las tinieblas invaden su esp\u00edritu (estado de alma muy frecuente en la Santa) ser\u00e1 tambi\u00e9n su fe, fe cierta en el Amor de su Padre, quien la gu\u00ede y sostenga. Nos lo descubre ella misma: \u00ab \u00a1 Es tan dulce servir a Dios en la noche de la tribulaci\u00f3n! \u00bb \u00ab \u00a1 No tenemos m\u00e1s que esta vida para vivir de fe! \u00bb. La prueba suprema de Teresa fue el eclipse de su fe durante a\u00f1o y medio: \u00bfel porqu\u00e9 de este eclipse? Quiso, sin duda, Dios nuestro Se\u00f1or purificar la fe de Teresa, perfeccionar su alma, despoj\u00e1ndola de todo lo sensible e intelectual. As\u00ed lleg\u00f3 a la consumaci\u00f3n de la santidad.<\/p>\n<p>Algunos meses antes hab\u00eda escrito: \u00ab\u00a1S\u00e9 que por encima de esas negras nubes brilla el Sol de mi existencia! \u00bb. \u00bfA qu\u00e9 sol se refiere? Nos lo ha dicho ella misma en la l\u00ednea precedente: \u00abel astro del Amor\u00bb. \u00bfC\u00f3mo lo sabe? Por la fe. La fe en el Amor es la clave de su santidad; la fe en el Amor fue el principio, la ra\u00edz, el fundamento de su santidad.<\/p>\n<p>Ense\u00f1anza sumamente aleccionadora. La fe evang\u00e9lica es una mirada al Amor. De ella brota la inteligencia de las cosas divinas. \u00abCreo para entender.\u00bb<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>2<\/strong> <\/p>\n<p>A\u00f1adamos una palabra, demos un paso m\u00e1s para comprender en su misma esencia la fe de Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas en el Amor de Dios. El Amor, objeto de la fe de Teresa, tiene un car\u00e1cter particular, car\u00e1cter profundamente evang\u00e9lico. Es el Amor Misericordioso.<\/p>\n<p>En el estado actual, Dios nos ama no s\u00f3lo gratuitamente, sin m\u00e9rito alguno por nuestra parte, sino que nos ama a nosotros, miserables, a pesar de nuestra miseria o, m\u00e1s exactamente, a causa de nuestra extrema y excesiva miseria.<\/p>\n<p>Dios nuestro Se\u00f1or, en sus inescrutables designios, habiendo previsto el pecado y su triste secuela de miserias y dolores, escogi\u00f3, decret\u00f3 y cre\u00f3 el mundo en que vivimos para manifestar su gloria. Cuanto m\u00e1s creamos en el Amor Misericordioso, m\u00e1s glorificaremos a Dios. Pero nuestro orgullo reh\u00fasa creer en esta caracter\u00edstica del amor Divino, porque le repugna el reconocimiento de la miseria humana. El soberbio no quiere ser objeto de la pura misericordia de Dios. No comprende el Amor Misericordioso. No se trata precisamente de comprender este amor; se trata de creer en \u00e9l, sencilla y firmemente, como Teresa de Lisieux. La comprensi\u00f3n ser\u00e1 el fruto de esta fe; lo entenderemos todo a la luz divina.<\/p>\n<p>\u00bfComprendemos acaso internamente, \u00edntimamente, la Redenci\u00f3n, la Encarnaci\u00f3n, la Eucarist\u00eda? \u00bfBastar\u00e1 la raz\u00f3n, bastar\u00e1 la metaf\u00edsica para entender esos misterios? No por cierto; s\u00f3lo el humilde de coraz\u00f3n acepta o reconoce la absoluta miseria humana y cree en ese incomprensible misterio sin pretender desentra\u00f1arlo; cree y se sumerge en \u00e9l sencillamente, como Teresa.<\/p>\n<p>Si la fe en el Amor Misericordioso es condici\u00f3n necesaria para la inteligencia de estos misterios, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s lo ser\u00e1 para una participaci\u00f3n efectiva en los mismos! \u00a1Esta virtud teologal nos capacita en orden a la recepci\u00f3n de los frutos que producen tales misterios. \u00ab Lo que agrada a Dios es el amor que siento a mi peque\u00f1ez y mi pobreza; es la esperanza ciega que tengo en su Misericordia! \u00bb. \u00a1Cu\u00e1n profunda e instructiva es esta palabra!<\/p>\n<p>Los te\u00f3logos tenemos una gran tendencia a razonarlo todo. Pero para conocer a Dios es preciso adquirir la humildad de esp\u00edritu y creer en El con una fe pura, tal como nos la propone el Evangelio: fe en el Amor puramente Misericordioso de Dios al hombre.<\/p>\n<p>De manera intuitiva, con esa mirada que San Pablo llama \u00abilluminatos oculos cordis\u00bb, comprendi\u00f3 Teresa esta verdad. Es decir, no tanto por el entendimiento cuanto por el amor; m\u00e1s afectiva que intelectualmente. Teresa se acerc\u00f3 a Dios y fue iluminada. Am\u00f3 a Dios con coraz\u00f3n de ni\u00f1a, y a pesar de su debilidad y miseria, tuvo la santa audacia de tratar con El con la m\u00e1xima sencillez y familiaridad. \u00bfPor qu\u00e9? Porque con una fe que no admite vacilaci\u00f3n se crey\u00f3 amada; infinitamente amada, misericordiosamente amada por el Dios que es Padre de las Misericordias.<\/p>\n<p>La vida de nuestra alma consiste en la entrega total que de s\u00ed misma hace al Amor de Dios, que se le muestra infinitamente Misericordioso. Pero, evidentemente, para entregarse en esta forma, la condici\u00f3n sine qua non es creer firmemente en el Amor Misericordioso. \u00bfLo entendemos bien? La fe es ciertamente una virtud que radica en el entendimiento, pero abre el camino a la voluntad. El amor, la caridad, aumenta la luz de la inteligencia, y agudiza su mirada iluminada por la fe. Esa fe fue la mirada de Teresa, la mirada de su fe. \u00abIlluminatos oculos cordis\u00bb; intuici\u00f3n del esp\u00edritu bajo la influencia del amor. En una palabra: s\u00f3lo el amor puede descubrir al Dios que la fe nos revela. Lo dice expresamente San Juan: <em>El que no ama no conoce a Dios<\/em> (1 Jn. 4, 8).<\/p>\n<p>El Amor Misericordioso de Dios atrae, invita, apremia a nuestro pobre coraz\u00f3n. Y si \u00e9ste corresponde, la fe entra m\u00e1s plenamente en posesi\u00f3n de su objetivo divino. Nuestro coraz\u00f3n necesita del bien que Dios en Si mismo nos ofrece. Con esta certidumbre, la fe descansa plenamente en su propio objeto, el Dios amante y Misericordioso, a quien vislumbra en cierto modo.<\/p>\n<p>San Juan y San Pablo nos presentan como objeto de nuestra fe a Dios Amor, Amor Infinito, Amor Misericordioso. <em>Dios, que es rico en misericordia, por el inmenso amor con que nos ha amado, cuando est\u00e1bamos muertos por nuestros pecados, nos vivific\u00f3 en Jesucristo<\/em> (Ef. 2, 45). <em>Y esta caridad consiste no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que El nos am\u00f3 el primero, y envi\u00f3 a su Hilo como v\u00edctima de propiciaci\u00f3n por nuestros pecados<\/em> (1 Jn. 4, 10). <em>Y nosotros hemos conocido y hemos cre\u00eddo en la caridad de Dios hacia nosotros: Dios es caridad<\/em> (1 Jn. 4, 6).<\/p>\n<p>Esta es la fe que nos predica el Evangelio. Teresa la comprendi\u00f3. Pid\u00e1mosle nos alcance la gracia de comprenderla como ella. Creamos sencillamente, humildemente, en el amor Misericordioso de nuestro Dios. \u00a1Hum\u00edllese nuestra ciencia orgullosa; reconozcamos nuestra ignorancia y miseria! Y pidamos la gracia de las gracias: la de vivir esta fe con todas sus consecuencias. \u00a1Ah\u00ed est\u00e1 la santidad! <\/p>\n<hr \/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nosotros hemos cre\u00eddo en el amor que Dios nos tiene (1 Jn. 4, 16). Estas palabras que leemos en la primera Ep\u00edstola de San Juan son el eco de sus m\u00e1s \u00edntimos sentimientos; brotan del coraz\u00f3n del disc\u00edpulo amado como un canto triunfal. 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