{"id":2619,"date":"2007-09-02T02:16:11","date_gmt":"2007-09-02T02:16:11","guid":{"rendered":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/nan-19\/"},"modified":"2026-08-16T02:32:59","modified_gmt":"2026-08-16T02:32:59","slug":"el-deseo-de-amar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/el-deseo-de-amar\/","title":{"rendered":"El deseo de amar"},"content":{"rendered":"<p><em>Amemos, pues, a Dios, puesto que. Dios nos am\u00f3 el primero<\/em> (1 Jn. 4, 19).<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 efecto producir\u00e1 en un alma sincera la fe en el Amor Misericordioso de Dios? Respondo: \u00abel deseo de amar\u00bb. Hablemos, pues, de este deseo. En el alma de Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, en su doctrina, es elemento tan esencial como su fe en el Amor. Cuando un alma se persuade de que Dios nuestro Se\u00f1or, en su Amor Misericordioso, la ama infinitamente, a pesar, a causa de su miseria; cuando lo cree con una fe interna, inquebrantable, brota en ella un deseo: amarle, entregarse sin reserva a la acci\u00f3n Misericordiosa del Amor. No puede ser de otro modo; en el alma humana, hecha para amar, e impotente para hacerlo cual quisiera, el deseo precede y despierta el amor. \u00bfNo es \u00e9ste precisamente el mensaje evang\u00e9lico a las almas degeneradas por el pecado? <em>Si conocieras el don de Dios, ser\u00edas t\u00fa quien pidieras<\/em> (Jn. 4, 10) <em>Se\u00f1or, dame de ese agua<\/em>.<\/p>\n<p>Todo el Evangelio est\u00e1 contenido en esas palabras. Y es maravilloso ver de qu\u00e9 manera tan sencilla y eficaz ha conseguido el Se\u00f1or inspirar al alma pecadora el deseo, la confianza de alcanzar el amor. Es el Evangelio vivo; la realizaci\u00f3n de aquella palabra de San Agust\u00edn: <em>Dios desea estar sediento&#8230;<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed lo entendi\u00f3 Teresa al leer en San Juan el pasaje de Jes\u00fas y la Samaritana. Dios nuestro Se\u00f1or, que no necesita a nadie, no teme hacerse mendigo del amor de su criatura. Y dice la Santa, abriendo de par en par su alma: \u00abLa palabra de Jes\u00fas moribundo, &#8216;\u00a1Tengo sed!~, resonaba constantemente en mi coraz\u00f3n y lo encend\u00eda en un amor desconocido. Anhelaba calmar la sed de mi Amado\u00bb.<\/p>\n<p>En dos sencillos puntos podemos exponer la importancia que tuvo en la vida espiritual de Santa Teresa de Lisieux el deseo de amar: 1.0 Este deseo es el principio de su vida espiritual, es decir, de su tendencia hacia la perfecci\u00f3n. 2.0 Es el t\u00e9rmino de su santidad.<\/p>\n<p><strong>1<\/strong> <\/p>\n<p>En los tratados de espiritualidad se observan dos tendencias o escuelas. La una considera el amor como t\u00e9rmino de la perfecci\u00f3n; la otra, como principio o punto de partida. Teresa pertenece, sin g\u00e9nero de duda, a esta segunda escuela. Tan clara es en ella esta tendencia, que al principio no pocos partidarios de la tendencia opuesta se escandalizaron. El amor es en ella el motor que impulsa al alma y la fortalece en la vida del renunciamiento. En este sentido puede decirse que fue antes m\u00edstica que asceta. Su asc\u00e9tica est\u00e1 enteramente orientada hacia la m\u00edstica. En realidad, todas las escuelas, todos los autores espirituales coinciden en considerar el \u00abdeseo de la perfecci\u00f3n\u00bb como propio de principiantes; pero pocos son los que dan a ese deseo su verdadero nombre: \u00a1amor! M\u00e1s bien dan a entender que el amor es el t\u00e9rmino; lo presentan como una recompensa a los esfuerzos del alma. Eso equivale a conducirla por caminos rudos y trabajosos; la ascensi\u00f3n es lenta, a veces triste, con frecuencia est\u00e9ril y deprimente. Teresa, por el contrario, sinti\u00f3 que la confianza dilataba su alma, y llena de santa audacia quiso amar desde el principio. De ah\u00ed su alegr\u00eda, su valor y fortaleza en medio de su miseria. Su pensamiento se traduce en una carta a su prima Mar\u00eda Gu\u00e9rin: \u00abMe pides un remedio para llegar a la perfecci\u00f3n; no conozco m\u00e1s que uno: el Amor\u00bb. No pudo expresar su idea con mayor claridad. El Amor es el \u00fanico medio. En su tendencia hacia la santidad -nos dice en su <em>Historia de un Alma<\/em>&#8211; s\u00f3lo conoce un camino: \u00abLo \u00fanico que deseo es agradar a Jes\u00fas.\u00bb Es decir, amarle. Es el secreto de Teresa; deseo humilde y confiado de amar a Dios. Humilde, porque reconoce la propia nada. Confiado, porque todo lo espera de Dios, que es Amor Misericordioso.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se ve con la mayor evidencia la necesidad de la fe en el Amor Misericordioso. Se palpa al mismo tiempo su eficacia omnipotente que convierte en motivo de confianza la consideraci\u00f3n de la propia miseria, causa no pocas veces de depresi\u00f3n o desaliento. Este no tiene lugar en el alma que cree en la incomparable bondad de Dios. Creer en su Amor y esperarlo todo de El es tributarle la gloria que espera de nosotros. Repit\u00e1moslo: esto es puro Evangelio.<\/p>\n<p>El Amor atrae hacia S\u00ed a los que est\u00e1n lejos de El: el hijo pr\u00f3digo, la mujer ad\u00faltera, la Samaritana, Mar\u00eda Magdalena. Las p\u00e1ginas de ese libro divino no son otra cosa que un llamamiento del Amor que invita al amor a los miserables, a los pobres, a los impotentes y d\u00e9biles, es decir, a los hombres todos. Invitaci\u00f3n que implica una gracia particular\u00edsima; despierta en el alma el deseo de entregarse sin reserva al Amor Misericordioso, y la confianza gozosa de vivir en El y para El. Este es el sentido de las palabras de Cristo: <em>Venid a mi todos los que est\u00e1is abrumados, que yo os aliviar\u00e9<\/em> (Mt. 11, 28). Demos gracias a Dios por haber canonizado a Teresa, que s\u00f3lo es santa por haber abierto y entregado su alma al Evangelio.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>2<\/strong> <\/p>\n<p>Dec\u00edamos que el deseo del amor no es s\u00f3lo el principio de la vida espiritual, sino tambi\u00e9n el t\u00e9rmino de la perfecci\u00f3n. F\u00e1cil nos ser\u00e1 probarlo a la luz de las ense\u00f1anzas de Teresa, que abundan en los \u00faltimos a\u00f1os de su corta vida. \u00bfCu\u00e1l era en este tiempo la caracter\u00edstica de su santidad? Un deseo inmenso de amar. En cierta ocasi\u00f3n, la Carmelita de Lisieux dijo ingenuamente a un Director de Ejercicios: \u00abPadre, quiero amar al Se\u00f1or tanto o m\u00e1s que Santa Teresa.\u00bb La respuesta del Confesor fue un duro reproche: \u00ab \u00a1Qu\u00e9 orgullo! \u00a1Qu\u00e9 presunci\u00f3n! Esos son deseos temerarios.\u00bb \u00abPadre m\u00edo, no puedo creer que sean temerarios mis deseos, puesto que nuestro Se\u00f1or ha dicho: <em>Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto<\/em>\u00bb (Mt. 5, 48). \u00a1Admirable respuesta! Teresa cre\u00eda sencillamente en el Evangelio, en las palabras del Se\u00f1or. No hemos de poner l\u00edmites a nuestros deseos. As\u00ed se explica la famosa p\u00e1gina de la Historia de un alma, en que la Santa, no pudiendo ya contenerse, se expresa en t\u00e9rminos humanamente insensatos, desmesurados, quim\u00e9ricos. Teresa sue\u00f1a y desea cosas contradictorias e imposibles: quiere ser sacerdote, ap\u00f3stol, misionera, m\u00e1rtir. \u00a1Locura!, seg\u00fan la prudencia humana; sabidur\u00eda verdadera a la luz de la fe.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n es Aquel que atrae a la joven religiosa? Es el Amor Infinito, infinitamente amable, que tiene sed del amor de su criatura, pobre e impotente. Ante ese Amor infinito, \u00bfc\u00f3mo poner l\u00edmites al amor humano? \u00abOh Amado m\u00edo; perdonadme si desvar\u00edo al manifestaros mis deseos, que rayan en lo infinito\u00bb. Notemos de paso que en la misma proporci\u00f3n en que crecen sus deseos, crece tambi\u00e9n el sentimiento de su miseria, de su impotencia, de su debilidad, de su peque\u00f1ez. Teresa es el modelo del alma que, sincera y sencillamente, se entrega al deseo de amar, deseo que llega a ser ilimitado. Esto se explica f\u00e1cilmente. Dios nuestro Se\u00f1or, sediento del amor de su criatura, enciende en el alma que se le entrega un fuego divino que la consume, acrecentando en ella hasta lo infinito esos santos deseos. Lo que nos ense\u00f1a la Teolog\u00eda de nuestra participaci\u00f3n en la naturaleza divina, divinizaci\u00f3n del alma humana por la gracia, y su transformaci\u00f3n en Dios, no son sino f\u00f3rmulas que expresan la acci\u00f3n del Dios Amor en orden a la transformaci\u00f3n del alma.<\/p>\n<p>Por una prudencia mal entendida, restringimos excesivamente nuestros deseos de amar. Si admitimos como verdad de fe que el alma regenerada es pertenencia de Dios y que Dios es Amor, \u00bfcu\u00e1l es el efecto de esta inhabitaci\u00f3n divina? No es otro sino la acci\u00f3n de Dios, que es Caridad, en orden a la transformaci\u00f3n del alma humana en Caridad. <em>El que se adhiere al Se\u00f1or forma un mismo esp\u00edritu con El<\/em> (1 Cor. 4, 17). <em>Somos transformados en su misma imagen, conforme al Esp\u00edritu del Se\u00f1or<\/em> (2 Cor. 3, 18). La vida de Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas es la ense\u00f1anza viva de esta profunda teolog\u00eda, ense\u00f1anza que est\u00e1 al alcance de todos. Su vida es una prueba palpable de que las almas peque\u00f1as pueden alcanzar el amor en una vida ordinaria sin \u00e9xtasis ni revelaciones. No por los actos heroicos, sino por su fe en el Amor Misericordioso.<\/p>\n<p>Creamos en la palabra de Teresa: \u00abNo he dado a Dios m\u00e1s que amor\u00bb. Y recojamos celosamente la respuesta ya citada a una de sus hermanas que, la v\u00edspera de su muerte, le ped\u00eda una palabra de despedida: \u00abLo \u00fanico que vale es el Amor\u00bb. He aqu\u00ed una s\u00edntesis del Evangelio.<\/p>\n<p>Dios, que es Amor, tiene un deseo inmenso de comunicarse. \u00abEl bien es difusivo de s\u00ed mismo\u00bb, dicen los te\u00f3logos. Siendo Amor, no puede menos de despertar amor. Tiene sed de ser amado, y es El quien excita en el alma la sed de amar. Si ella corresponde, Dios se precipita y llena su vac\u00edo. <em>Ensancha tu boca y yo la llenar\u00e9<\/em> (Ps. 80, 11). Y como el Bien que se le entrega es infinitamente amable, brotan en el alma nuevos y m\u00e1s intensos deseos de amar, deseos siempre saciados y nunca satisfechos. Este flujo y reflujo de ansias e insatisfacciones es, en resumen, la Historia de un Alma. Es tambi\u00e9n la s\u00edntesis de la Teolog\u00eda asc\u00e9tica y m\u00edstica; la verdadera espiritualidad, la \u00fanica que conduce las almas a Dios, \u00faltimo fin y esencia de la vida sobrenatural. La doctrina asc\u00e9tica que con mayor suavidad y eficacia ayuda al alma para la consecuci\u00f3n de su fin es, a mi parecer, el deseo de amar, doctrina la m\u00e1s perfecta, porque es la m\u00e1s evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>En definitiva, todo se reduce a una doble sed: sed de Dios, sed de la criatura. En Dios, sed de ser amado; en la criatura, sed de amar. Por una parte, el Amor infinito, que tiene sed de darse; por otra parte, la nada miserable, que quiere ser colmada, pose\u00edda y transformada por el Amor. Esta doble sed resume las relaciones entre Dios y el alma humana, desde el despertar de la gracia en ella, hasta la cima de la santidad, hasta la fusi\u00f3n beat\u00edfica en la vida eterna. Todo se reduce a un sincero deseo de amar. \u00a1Bendita Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, que nos ha ense\u00f1ado esta verdad! <\/p>\n<hr \/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Amemos, pues, a Dios, puesto que. 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