{"id":2620,"date":"2007-09-02T02:16:55","date_gmt":"2007-09-02T02:16:55","guid":{"rendered":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/nan-20\/"},"modified":"2026-08-16T02:32:59","modified_gmt":"2026-08-16T02:32:59","slug":"humildad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/humildad\/","title":{"rendered":"Humildad"},"content":{"rendered":"<p><em>Jes\u00fas, llamando a S\u00ed a un ni\u00f1o, dijo: \u00abEl que se hiciere peque\u00f1o como este ni\u00f1o es el mayor en el reino de los cielos\u00bb<\/em> (Mt. 18, 21). Estas palabras, en boca del Salvador, parecen una revelaci\u00f3n de la santidad de Teresa.<\/p>\n<p>La humildad -nos atrevemos a decir- es el secreto de la Santa. Pero esta palabra, \u00abel secreto de Teresa\u00bb, la hemos pronunciado ya a prop\u00f3sito de otras virtudes, y sin duda la repetiremos m\u00e1s de una vez. \u00a1Cosa extra\u00f1a! Cada una de las virtudes de que nos da ejemplo la santa ni\u00f1a nos hace el efecto de ser su secreto. Este fen\u00f3meno se explica f\u00e1cilmente teniendo en cuenta que, dada su admirable sencillez, sus virtudes no son sino aspectos diversos de una sola virtud. En efecto, la caridad no s\u00f3lo es la reina y la cima de todas ellas, sino la ra\u00edz, el m\u00f3vil poderoso que las pone en juego.<\/p>\n<p>Se cuenta que un d\u00eda una religiosa de la Visitaci\u00f3n dijo a San Francisco de Sales: \u00abYo quisiera llegar al amor por la humildad.\u00bb \u00abY yo -respondi\u00f3 el Santo- deseo llegar a la humildad por el amor.\u00bb Palabra profunda que muestra la afinidad de alma existente entre el santo obispo y la Carmelita de Lisieux. Ella nos har\u00e1 comprender: 1\u00ba C\u00f3mo el amor engendra la humildad. 2\u00ba C\u00f3mo el amor perfecciona la humildad.<\/p>\n<p><strong>1<\/strong> <\/p>\n<p>Represent\u00e9monos a esta alma profundamente impresionada, casi sobrecogida, al considerarse objeto del Amor Misericordioso de Dios. \u00bfQu\u00e9 efecto producir\u00e1 en ella la vista de su peque\u00f1ez, de su miseria, de su nada? No podr\u00e1 menos de comprender que si Dios se inclina hacia la criatura para manifestar en ella su Amor Misericordioso es precisamente a causa de su miseria. Lejos, pues, de desanimarse, se alegrar\u00e1 de reconocerse ante el Se\u00f1or tal cual es. Ese conocimiento ser\u00e1 el medio, la condici\u00f3n necesaria para recibir las comunicaciones del Amor Misericordioso. Olvidar, ignorar la propia peque\u00f1ez, equivaldr\u00eda a hacerse indigna del Amor Misericordioso de Dios. Vi\u00e9ndose, por el contrario, envuelta en la Infinita Misericordia, descansar\u00e1 humildemente en el conocimiento de su miseria, que considera a la luz de la fe. Tal consideraci\u00f3n le produce una alegr\u00eda inefable. Este es el esp\u00edritu de Teresa. La luz de la verdad divina inunda su alma. La vista de su miseria no es sino un medio para comprender mejor la Bondad del Amor Misericordioso. Para ella, descansar en su peque\u00f1ez es descansar en Dios.<\/p>\n<p>No podemos menos de recordar las palabras de San Agust\u00edn: \u00abSe\u00f1or, nos has hecho para ti, e inquieto est\u00e1 nuestro coraz\u00f3n hasta que descanse en Ti\u00bb. \u00bfQui\u00e9n sentir\u00e1 esta inquietud, sino el coraz\u00f3n soberbio que no quiere aceptar ni confesar su miseria? S\u00f3lo el coraz\u00f3n humilde encontrar\u00e1 el reposo: \u00abRequiscet in spe in Deo\u00bb.<\/p>\n<p>La humildad, en frase de la gran Santa Teresa de \u00c1vila, es andar en verdad. Palabra exacta. Pero Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas ha sabido proyectar una nueva luz sobre esa frase de su Madre. El alma de Teresa es el mejor tratado de la humildad.<\/p>\n<p>Par\u00e9ceme que los tratados sobre esta virtud, en especial los que pretenden explicarla con cierta profundidad, f\u00e1cilmente ocasionan equ\u00edvocos en materia de humildad. De tal manera complican la teor\u00eda, que inevitablemente dificultan la pr\u00e1ctica. Y nada m\u00e1s sencillo que la humildad; complicarla es deformarla. Se\u00f1alar procedimientos, proporcionar f\u00f3rmulas, escalonar\u00eda por grados, equivale a fomentar la ocupaci\u00f3n propia, siendo as\u00ed que la humildad consiste precisamente en el olvido de s\u00ed mismo: \u00abAparta los ojos de ti.\u00bb \u00bfC\u00f3mo conseguirlo? Cada vez que comprobemos nuestra imperfecci\u00f3n y pobreza, volver la mirada a Dios dulcemente.<\/p>\n<p>La confianza plena en su Amor Misericordioso es el mejor homenaje al Padre de las Misericordias, homenaje que le es infinitamente agradable. Fe en su Amor y confianza en su Misericordia son, en realidad, el \u00fanico medio verdadero de unirnos a Dios en la verdad.<\/p>\n<p>El deseo de amar, si es sincero, ha de ser humilde, pues lo que pretende es no encontrar al Amor por sus propios esfuerzos, sino atraerlo hacia s\u00ed por la exposici\u00f3n de sus necesidades: <em>Se\u00f1or, el que amas est\u00e1 enfermo<\/em> (Jn. 11, 3). \u00a1Qu\u00e9 luminosa es la palabra de San Francisco de Sales!: \u00abYo quiero alcanzar la humildad por el amor.\u00bb El deseo de amar al Amor Misericordioso implica el reconocimiento de la propia nada y supone una actitud humilde que glorifica a Dios y despierta el amor. As\u00ed y s\u00f3lo as\u00ed se puede amar la propia abyecci\u00f3n. Se comprende, pues, que los Santos, y muy particularmente nuestra Santa, se hayan gozado en la contemplaci\u00f3n de su pobreza y peque\u00f1ez. \u00abOh, Jes\u00fas, qu\u00e9 feliz es tu pajarito, siendo peque\u00f1o y d\u00e9bil&#8230; \u00bb.<\/p>\n<p>Podr\u00eda alguien preguntarse si no se confunden el amor a Dios y el amor a la propia nada. Esto s\u00f3lo se concibe a la luz del amor divino que inspira al alma el deseo de entregarse sin reserva a su misericordiosa acci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>2<\/strong> <\/p>\n<p>Veamos c\u00f3mo el amor que engendr\u00f3 la humildad en el alma de Teresa conserv\u00f3 y perfeccion\u00f3 esa virtud. Las ascensiones del amor van siempre acompa\u00f1adas de progresos en la humildad. Asimismo, todo aumento de humildad produce un acrecentamiento de amor. En la medida del amor crece la luz con que se ven claramente los defectos, imperfecciones, apegos; en una palabra, cualquier forma de ego\u00edsmo, y con el mayor conocimiento propio, el alma m\u00e1s f\u00e1cilmente se olvida de si. \u00abQuien conoce su miseria no se mira a s\u00ed mismo, sino al Amado\u00bb. Este es el verdadero desprecio de s\u00ed, el aut\u00e9ntico olvido propio. Teresa lo experiment\u00f3 y siente una necesidad creciente de sumergirse en \u00e9l.<\/p>\n<p>No se hace ilusiones; con toda sinceridad confesar\u00e1 en los \u00faltimos d\u00edas de su vida: \u00abQu\u00e9 feliz me siento de yerme tan imperfecta, tan necesitada de la Misericordia divina en la hora de mi muerte\u00bb. Y a\u00f1ade: \u00abTengo muchas flaquezas, pero no me sorprendo&#8230; Es tan dulce sentirse d\u00e9bil y peque\u00f1a\u00bb. \u00a1Cu\u00e1nto sabor encierra esa palabra: \u00abes tan dulce\u00bb! Es la satisfacci\u00f3n de quien vive la verdad, de quien se reconoce ante Dios tal cual es. Teresa sabe que para acercarse a Dios, para pensar como Dios, para unirse a Dios, ha de permanecer tranquila y gozosa en el desprecio y olvido de si. \u00bfQu\u00e9 hacer en las ca\u00eddas que se repiten con frecuencia? \u00abUna mirada a Jes\u00fas -\u00a1siempre esa mirada de confianza y de amor!- reconociendo la propia miseria es la mejor reparaci\u00f3n.\u00bb Que borra las faltas y las convierte en motivos de amor. Teresa es un alma de luz; ama sinceramente su peque\u00f1ez y debilidad, porque, lejos de ser obst\u00e1culo al amor de Dios, le ayudan a olvidarse de s\u00ed, condici\u00f3n necesaria para amar a Dios s\u00f3lo.<\/p>\n<p>Y no s\u00f3lo reconoce gozosamente su miseria ante el Se\u00f1or, sino tambi\u00e9n ante los hombres. Durante su enfermedad mostr\u00f3 un d\u00eda cierta impaciencia ante una Hermana que, falta de discreci\u00f3n, le pidi\u00f3 un favor. \u00ab\u00a1Cu\u00e1nto me alegro de que hayan visto mi imperfecci\u00f3n! -confesaba despu\u00e9s-. Me he gozado al pensar que mi Hermana se ha dado cuenta de mi poca virtud.\u00bb No turbarse ni preocuparse en semejantes casos supone un gran amor a la verdad.<\/p>\n<p>Lejos de buscarse a s\u00ed misma, de querer ser tenida en algo, Teresa sent\u00eda verdadera repugnancia por todo lo que pudiera engrandecer\u00eda. Ni deseaba luces extraordinarias, ni buscaba grandes mortificaciones, ni actos heroicos.<\/p>\n<p>\u00bfQueremos decir con esto que desconoc\u00eda las gracias que hab\u00eda recibido de Dios, o ignoraba la acci\u00f3n divina en su alma? No, por cierto; con la misma claridad ve\u00eda, por una parte, los admirables efectos de la Misericordia de Dios en ella, y por otra, su pobreza y miseria personal, su peque\u00f1ez, su nada. Precisamente en esto se descubre la profundidad de su humildad, la transparencia de su mirada, que le permite verse como un peque\u00f1o \u00e1tomo perdido en la inmensidad de la Bondad Divina. Cuanto m\u00e1s percibe las prodigalidades del Amor Misericordioso para con ella, m\u00e1s y m\u00e1s se sumerge y se pierde en la persuasi\u00f3n de una absoluta indigencia, indignidad y pobreza. En la medida en que crece su amor se arraiga su humildad. La audacia, iba a decir la temeridad de sus deseos, son otra prueba de su maravillosa humildad&#8230; Como es el Amor infinito el que atrae su amor, como es \u00e9l solo el que quiere realizar en ella el amor, como \u00fanicamente resultar\u00e1 de esto su gloria (ella lo sabe), por muy d\u00e9bil, peque\u00f1a y miserable que se sienta, no piensa en absoluto que sea temerario aspirar al mayor amor, en cierta manera al infinito. Por el contrario, Teresa juzga que su misma peque\u00f1ez, su pobreza e impotencia son un motivo incluso para creerse apta para glorificar a Dios por el amor.<\/p>\n<p>No hay que confundir la humildad con la pusilanimidad; despu\u00e9s de haberse entregado en una especie de sublime locura a los deseos m\u00e1s irrealizables: ser a la vez sacerdote, doctor, m\u00e1rtir, misionero hasta el fin del mundo&#8230;, reconoce que nada de eso es para ella. Declara al mismo tiempo que no son esos deseos los que la hacen grata a Dios, ni son ellos la prueba del verdadero amor. \u00bfQu\u00e9 har\u00e1 entonces? \u00bfModerar\u00e1 sus ansias de amar? \u00bfLimitar\u00e1 su amor porque es d\u00e9bil y peque\u00f1a? Oig\u00e1mosla a ella misma: \u00abMi vocaci\u00f3n es el amor.\u00bb Teresa ser\u00e1 amor.<\/p>\n<p>Y comprendiendo que a los ojos de Dios \u00ablo \u00fanico que vale es el amor\u00bb, fomenta en su alma los deseos de acrecentarlo m\u00e1s y m\u00e1s en el ejercicio de las peque\u00f1as virtudes, los peque\u00f1os sacrificios, las mil nader\u00edas de la vida ordinaria. \u00abLas obras extraordinarias -dice- no est\u00e1n a mi alcance. \u00bfC\u00f3mo demostrar\u00e9 a Dios mi amor si \u00e9ste se prueba en las obras? Por mis peque\u00f1as acciones y sacrificios. \u00a1 Como ni\u00f1a, sembrar\u00e9 de flores su camino! -y a\u00f1ade-, y Jes\u00fas las mirar\u00e1 complacido\u00bb.<\/p>\n<p>Humildad y Amor. La extrema peque\u00f1ez de la persona y de las obras; la grandeza sin l\u00edmites de los deseos y del amor. En nuestra Santa, estos dos extremos se tocan. \u00a1Qu\u00e9 ense\u00f1anza para nosotros! \u00bfCu\u00e1l de estas dos virtudes naci\u00f3 primero? Trat\u00e1ndose de Teresa, podemos decir que, evidentemente, el amor engendr\u00f3 y perfeccion\u00f3 la humildad. El amor de Dios entra libremente en el coraz\u00f3n que a El se entrega, y devora, consume, arroja fuera todo resabio de estima y de amor propio. La luz expulsa las tinieblas. Teresa sabe lo que dice cuando trata de convencer a las almas deseosas de amar, de que s\u00f3lo aceptando su peque\u00f1ez y pobreza podr\u00e1n hacerlo cual quisieran. Para pertenecer a Jes\u00fas hay que ser peque\u00f1a. He ah\u00ed la perfecci\u00f3n. Esto no deja de ser un privilegio; pero \u00a1cu\u00e1nta humildad se necesita para aceptarlo! \u00a1Y qu\u00e9 pocas almas aspiran a ser desconocidas!<\/p>\n<p>Acabamos de o\u00edr la palabra decisiva; medit\u00e9mosla. Casi inconscientemente, en nuestros deseos de perfecci\u00f3n, alimentamos la secreta pretensi\u00f3n de ser algo; tal pretensi\u00f3n es un obst\u00e1culo para el Amor. No puede el Se\u00f1or realizar en el alma su obra sin abolir la preocupaci\u00f3n propia que se opone al desarrollo y a la consumaci\u00f3n de la humildad. El amor s\u00f3lo se alcanza en la humildad o por la humildad.<\/p>\n<p>Poco antes de morir, Teresa, consumada en el amor divino y abismada en las tinieblas de una noche oscura, dec\u00eda: \u00abLo \u00fanico que veo es mi propia nada\u00bb. No tenemos, pues, dificultad en corroborar el juicio que de s\u00ed misma se hab\u00eda formado nuestra Santa. \u00abLa obra m\u00e1s grande que el Todopoderoso ha realizado en m\u00ed es el haberme mostrado mi peque\u00f1ez y mi impotencia\u00bb.<\/p>\n<p>El Amor Omnipotente hizo el vac\u00edo en aquella alma, que le estaba enteramente entregada; \u00e9sta fue su obra, su verdadera obra maestra. <\/p>\n<hr \/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas, llamando a S\u00ed a un ni\u00f1o, dijo: \u00abEl que se hiciere peque\u00f1o como este ni\u00f1o es el mayor en el reino de los cielos\u00bb (Mt. 18, 21). Estas palabras, en boca del Salvador, parecen una revelaci\u00f3n de la santidad de Teresa. La humildad -nos atrevemos a decir- es el secreto de la Santa. 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