{"id":2623,"date":"2007-09-02T02:19:54","date_gmt":"2007-09-02T02:19:54","guid":{"rendered":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/nan-23\/"},"modified":"2026-08-16T02:32:59","modified_gmt":"2026-08-16T02:32:59","slug":"la-renuncia-en-la-doctrina-de-santa-teresa-del-nino-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/la-renuncia-en-la-doctrina-de-santa-teresa-del-nino-jesus\/","title":{"rendered":"La renuncia en la doctrina de Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas"},"content":{"rendered":"<p><em>El que quiera venir en pos de M\u00ed, ni\u00e9guese a s\u00ed mismo<\/em> (Mt. 16, 24). \u00bfQu\u00e9 lugar ocupa, en la espiritualidad de Teresa de Lisieux, este precepto fundamental del Divino Maestro? \u00bfC\u00f3mo concibe la Santa la renuncia propia? En un n\u00famero de La Vida Espiritual, que publicaba un esbozo del retrato de San Francisco de As\u00eds, le\u00ed estas palabras: \u00abRenuncia y sacrificio por amor.\u00bb La austeridad de Francisco ten\u00eda un matiz de suavidad infinita; era la suya una asc\u00e9tica amorosa iluminada por los resplandores de la caridad, y nadie ha demostrado como \u00e9l que el amor todo lo suaviza, todo lo facilita. De ah\u00ed que su espiritualidad tenga un aspecto tan amable, tan alegre, tan optimista; es enteramente afectiva.<\/p>\n<p>Esas palabras que retratan a San Francisco de As\u00eds pueden aplicarse exactamente a Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas. La renuncia en la vida cristiana presenta dos aspectos, tiene una doble misi\u00f3n: 1\u00aa, preparar el camino al amor; 2\u00aa, servir de expresi\u00f3n al amor.<\/p>\n<p>Teresa, como Francisco, parece no conocer m\u00e1s que este segundo aspecto, esta segunda misi\u00f3n de la renuncia. Su asc\u00e9tica es una asc\u00e9tica amorosa, predominantemente afectiva. La renuncia en la mente de Teresa es una consecuencia del amor; del amor en su punto de partida, del amor en su marcha progresiva hacia la perfecci\u00f3n. Renunciarse es, pues, amar; no a s\u00ed mismo, sino a Dios, que atrae al alma con fuerza irresistible. De ah\u00ed ese matiz atractivo y gozoso que presenta en Teresa la ley de la renuncia; es una faceta de la ley de la caridad. Esta es precisamente la doctrina evang\u00e9lica. A la palabra austera de Nuestro Se\u00f1or, <em>ni\u00e9guese a s\u00ed mismo<\/em>, precedi\u00f3 otra infinitamente dulce y atrayente: <em>el que quiera venir en pos de M\u00ed<\/em>.<\/p>\n<p>El amor, el deseo de amar a Jes\u00fas es el motor de la voluntad y la muerte del amor propio. En definitiva, el Evangelio es la esencia del amor; exige la renuncia al amor ego\u00edsta para que entre en nuestro coraz\u00f3n el amor de Dios, \u00fanico que puede satisfacerle. La renuncia al yo se efect\u00faa en virtud del Amor, por el Amor y para el Amor. Esta es la significaci\u00f3n de la palabra del Maestro: <em>Mi yugo es suave y mi carga ligera<\/em> (Mt 11, 30), porque es el Amor quien impone esa carga y el Amor quien la lleva.<\/p>\n<p>Hemos aplicado a Teresa la sentencia atribuida a San Francisco de As\u00eds: \u00abNadie ha demostrado como \u00e9l que el amor todo lo suaviza, todo lo facilita.\u00bb Y hemos considerado el aspecto evang\u00e9lico de la renuncia: <em>Carga ligera, yugo suave<\/em>. Este rasgo del alma de Teresa es profundamente evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>Estudiemos la idea de la Santa sobre la renuncia y veremos que echa por tierra todos los prejuicios que existen contra ella. Claramente expresa esa idea en su teor\u00eda de los peque\u00f1os sacrificios. \u00abNo quiero -escrib\u00eda- desperdiciar ni el m\u00e1s peque\u00f1o sacrificio\u00bb. \u00bfCu\u00e1l era el m\u00f3vil de ese prop\u00f3sito? El deseo de complacer siempre y en todo a su Padre del Cielo. Su punto de partida, ya lo hemos dicho, es el deseo y la necesidad de manifestar a Dios su amor. Punto de partida y al mismo tiempo punto de apoyo, palanca poderosa que eleva al alma por encima de si misma y la libera de toda mira ego\u00edsta. Habi\u00e9ndose posesionado de su coraz\u00f3n el deseo de amar a Dios, siente la necesidad de salir de s\u00ed misma, de renunciarse, de sacrificarse. Al principio esta renuncia le costaba. Lo confiesa diciendo: \u00abLa expresi\u00f3n de mi rostro denotaba el combate interno.\u00bb Pero fiel a las mociones del Amor, pronto sinti\u00f3 la dulzura y la suavidad del sacrificio y lleg\u00f3 a resultarle f\u00e1cil. \u00abPoco a poco me acostumbr\u00e9 a la renuncia. La fidelidad a una gracia atraer\u00eda sobre mi alma otras muchas\u00bb. Entonces brot\u00f3 en su alma el deseo de no desperdiciar ninguna ocasi\u00f3n de sacrificarse. Y estas ocasiones se le presentaban a cada paso, en cada instante, en cada detalle de la vida cotidiana. Esto es lo ordinario en la vida de todas las almas&#8230; Pero dejamos escapar las ocasiones, con frecuencia pasan desapercibidas. \u00bfPor qu\u00e9? Porque la mirada del amor no es bastante luminosa; porque el deseo de agradar a nuestro Padre no est\u00e1 bastante despierto. Cierto; los sacrificios que constantemente ofrec\u00eda Teresa eran peque\u00f1os, insignificantes si se quiere. Pero \u00bfacaso se nos exigen grandes renuncias en el Evangelio? El <em>ni\u00e9guese a s\u00ed mismo<\/em> de nuestro Se\u00f1or pide el sacrificio de cada instante, ya que las grandes ocasiones raras veces se presentan.<\/p>\n<p>La \u00abImitaci\u00f3n\u00bb traduce muy bien el pensamiento del Maestro: \u00abSe\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ntas veces y en qu\u00e9 cosas renunciar\u00e9 a m\u00ed mismo?\u00bb Y el Maestro responde: \u00abSiempre y a todas horas, en lo peque\u00f1o y en lo grande, sin exceptuar nada; en todas las cosas te quiero desprendido de todo\u00bb.<\/p>\n<p>Siempre, a todas horas, en todas las cosas. Evidentemente, as\u00ed debe de ser. Ni por una hora ni por un momento, en ninguna circunstancia hemos de obrar por nuestro propio gusto. La renuncia es, pues, absolutamente necesaria siempre. Por lo tanto ha de ejercitarse principalmente en las cosas peque\u00f1as y en las peque\u00f1as ocasiones. Nuestras vidas -en su mayor parte- se componen de cosas peque\u00f1\u00edsimas. En ellas, pues, ha de realizar toda alma cristiana el <em>ni\u00e9guese a s\u00ed mismo<\/em>.<\/p>\n<p>En este punto, Teresa es un verdadero maestro. Peque\u00f1os sacrificios, si, pero continuos, ininterrumpidos; ah\u00ed radica el hero\u00edsmo de Teresa, su santidad. Pr\u00e1cticamente, en toda vida humana, la \u00fanica y verdadera grandeza a los ojos de Dios consiste en hacer las cosas peque\u00f1as con mucho amor, en renunciar por Dios a esa serie de insignificancias de que est\u00e1 tejida nuestra vida.<\/p>\n<p>Precisemos un poco m\u00e1s para tener una idea exacta de lo que Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas entiende por \u00abrenuncia\u00bb. En general, tenemos una idea demasiado material, demasiado externa de la renuncia. Nos la representamos en su aspecto negativo de privaci\u00f3n de algo material o de mortificaci\u00f3n corporal, y consecuentes con esta idea trabajamos por encontrar ocasiones de sacrificar algo, de privarnos de algo, siendo as\u00ed que la renuncia ha de ser continua.<\/p>\n<p>La renuncia es ante todo y sobre todo y casi exclusivamente algo interior, espiritual; de ning\u00fan modo es sin\u00f3nimo de mortificaci\u00f3n o de privaci\u00f3n. Debemos renunciarnos siempre, aunque actualmente no tengamos ocasi\u00f3n de mortificarnos en nada. Porque la renuncia es una disposici\u00f3n del alma, que la mueve a olvidarse de s\u00ed; disposici\u00f3n sincera, continua, determinaci\u00f3n de no contemporizar con las tendencias naturales, de olvidarse de s\u00ed, de prescindir del \u00abyo\u00bb. Es el \u00abdeja de mirarte a ti mismo\u00bb de San Agust\u00edn. Tal era la renuncia de Teresa, disposici\u00f3n interna, represi\u00f3n de las actividades y del apresuramiento naturales, control de los deseos y de los sentimientos, de los recuerdos y de la imaginaci\u00f3n. Una verdadera mina de peque\u00f1os sacrificios, que en su mayor\u00eda pasaban desapercibidos. Aun cuando esta actitud del alma se reflejase al exterior por una renuncia externa y material, su fuerza estaba en la postura interna de olvido propio y de orientaci\u00f3n hacia Dios. Eso es el alma de la renuncia.<\/p>\n<p>Si esa actitud es sincera, en las ocasiones se traslucir\u00e1 al exterior; pero, ya lo hemos dicho, la esencia de la renuncia no consiste en el acto externo, sino en la polarizaci\u00f3n de la vida hacia Dios. As\u00ed se comprende perfectamente que el empe\u00f1o de. Teresa, en su af\u00e1n de no desperdiciar ninguna ocasi\u00f3n de sacrificarse, no le causara la menor inquietud, ni degenerase en meticulosidades o estrechez de esp\u00edritu. Nac\u00eda de su deseo de agradar siempre y en todo a Dios, su Padre. En aras de ese deseo, el alma dilatada de Teresa corre, vuela por el camino de la renuncia. La rectitud y la sinceridad de su proceder le garantizan una luz especial para conocer las sutilezas del amor propio, y una firme voluntad de sacrificarlo en aras del amor divino. Teresa no vacila; sacrifica sus gustos personales y sigue adelante. Y as\u00ed una y otra vez y siempre, con sencillez y libertad de esp\u00edritu. Es verdaderamente sincera en su deseo de dar gusto al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Estos peque\u00f1os sacrificios, celosamente aprovechados, no son sino el fruto espont\u00e1neo de su amor siempre despierto. Y su af\u00e1n de aprovechar las m\u00e1s peque\u00f1as ocasiones; lejos de producir en ella preocupaci\u00f3n, inquietud o estrechez de esp\u00edritu, dilata su alma y la llena de alegr\u00eda: alegr\u00eda en el don, que se confunde con el gozo en el amor.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 idea tenemos tan equivocada de la renuncia! La consideramos como un ejercicio triste, casi despreciable; como una pr\u00e1ctica penosa, fatigosa. Es que no vemos m\u00e1s que su aspecto negativo, y con ese matiz no puede menos de resultar fastidiosa. Es la muerte del \u00abyo\u00bb, y la muerte, por s\u00ed misma, repele y horroriza. Pero Teresa ve en la renuncia algo m\u00e1s; renunciarse \u00a1es amor, es vida! Hay un segundo prejuicio contra la renuncia. Imaginamos que exige una represi\u00f3n continua, un esfuerzo violento, ininterrumpido; un control implacable de todos los movimientos del alma y del cuerpo; una inversi\u00f3n absurda del modo normal de vivir; en una palabra, un ejercicio antinatural y penos\u00edsimo. Teresa con su concepci\u00f3n de la renuncia ha echado por tierra ese prejuicio casi universal y repelente.<\/p>\n<p>La Santa sabe ofrecer sus peque\u00f1os sacrificios con la sonrisa en los labios y con el coraz\u00f3n dilatado por la confianza y el amor. La explicaci\u00f3n de este fen\u00f3meno es siempre la misma; la renuncia y el sacrificio no representan para ella un trabajo rudo y complicado, fatigoso y triste. Muy al contrario: ve en ella la pr\u00e1ctica del olvido propio; el movimiento del alma que se lanza hacia Dios en un impulso de amor, descarg\u00e1ndose, en su carrera hacia El, de todo aquello que pueda retardar o detener su marcha. Todo ello con la mayor naturalidad y sencillez, como si se tratase de una necesidad m\u00e1s que de una renuncia.<\/p>\n<p>Para terminar, recordemos un rasgo poco conocido de la vida de Teresa; rasgo de poco relieve quiz\u00e1, pero muy significativo. Era en los \u00faltimos d\u00edas de su vida. La Madre In\u00e9s de Jes\u00fas le pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfPara llegar a vencerse tan perfectamente habr\u00e1 tenido que luchar mucho?\u00bb Y Teresa, con una expresi\u00f3n profunda en la mirada, respondi\u00f3: \u00ab \u00a1Oh!, no es eso&#8230; \u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfNo es eso?\u00bb \u00bfQuiso, pues, decir que no luch\u00f3? De ning\u00fan modo, sino que esa lucha no ten\u00eda un matiz violento, penoso y triste, como parec\u00eda deducirse de la pregunta de su hermana; lo que Teresa quer\u00eda decir era esto: \u00abNo; no he luchado mucho, sino que he amado mucho.\u00bb Cuando se ama, la lucha deja de serlo y se convierte en una necesidad; la necesidad de agradar al Amor.<\/p>\n<p>En suma, Teresa enunciaba a su modo, en cuatro s\u00edlabas, el principio de psicolog\u00eda asc\u00e9tica, formulado por San Agust\u00edn: \u00abDonde hay amor no hay trabajo&#8230; \u00bb<\/p>\n<p>Terminamos formulando el juicio emitido al comenzar el cap\u00edtulo: \u00abNadie ha demostrado como Teresa que el amor todo lo suaviza, todo lo facilita.\u00bb <\/p>\n<hr \/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El que quiera venir en pos de M\u00ed, ni\u00e9guese a s\u00ed mismo (Mt. 16, 24). \u00bfQu\u00e9 lugar ocupa, en la espiritualidad de Teresa de Lisieux, este precepto fundamental del Divino Maestro? \u00bfC\u00f3mo concibe la Santa la renuncia propia? 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