{"id":2625,"date":"2007-09-02T02:24:57","date_gmt":"2007-09-02T02:24:57","guid":{"rendered":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/nan-25\/"},"modified":"2026-08-16T02:32:59","modified_gmt":"2026-08-16T02:32:59","slug":"oracion-de-santa-teresa-del-nino-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/oracion-de-santa-teresa-del-nino-jesus\/","title":{"rendered":"Oraci\u00f3n de Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas"},"content":{"rendered":"<p><em>Yo te glorifico, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los peque\u00f1uelos<\/em> (Lc. 10, 21).<\/p>\n<p>Hablemos ahora de la oraci\u00f3n de Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas. Confieso que me ha costado decidirme a abordar este tema, aunque me atra\u00eda extraordinariamente. Pero me parec\u00eda un sue\u00f1o imposible de realizar. Se suele decir, no sin fundamento, que Teresa no tuvo nunca un m\u00e9todo de oraci\u00f3n. Pero es \u00e9sta una aserci\u00f3n negativa, puramente eliminativa, y de ning\u00fan modo puede servir de tema a una reflexi\u00f3n de orden pr\u00e1ctico.<\/p>\n<p>Era preciso buscar el lado positivo, y el deseo de dar con \u00e9l me hac\u00eda suavemente atrayente el estudio y la exposici\u00f3n de esta materia. Se necesitaban pruebas positivas, pero ah\u00ed estaba precisamente la dificultad. \u00bfD\u00f3nde encontrar esas pruebas positivas sobre la oraci\u00f3n de Teresa, si nunca nos ha hablado de su oraci\u00f3n? Es \u00e9ste un rasgo caracter\u00edstico en ella, que la diferencia de sus Hermanas en santidad y en m\u00edstica: Santa Teresa de \u00c1vila, su Santa Madre; Santa Catalina de Sena, Santa Margarita Mar\u00eda, Santa Mar\u00eda Magdalena de Pazis y nuestra contempor\u00e1nea Sor Isabel de la Trinidad.<\/p>\n<p>\u00a1Cosa extra\u00f1a! En la Historia de un alma, de un alma contemplativa y m\u00edstica como lo fue la de Teresa, nada deja entrever lo m\u00e1s profundo de su vida, su oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y naturalmente se me ocurre pensar: si Teresa no nos ha dicho una palabra de su oraci\u00f3n, \u00bfno ser\u00e1 temerario, quim\u00e9rico quiz\u00e1, tratar de este tema? \u00bfNo nos expondremos a aventurar unas hip\u00f3tesis, basadas solamente en la fantas\u00eda? Pero apenas formulada esta objeci\u00f3n, afloraba la respuesta, no menos espont\u00e1nea y apremiante: \u00bfser\u00e1 posible que nos veamos obligados a no decir nada, a no saber nada de la oraci\u00f3n de nuestra Santa?<\/p>\n<p>Hagamos un esfuerzo -Dios nos invita a ello- para conocer a esta alma privilegiada. No es posible conocer a un alma profunda como la de Teresa sin saber algo de sus relaciones \u00edntimas con Dios, de su trato con El en la oraci\u00f3n. Entonces, \u00bfes admisible que su m\u00e9todo de oraci\u00f3n, elemento esencial en la vida espiritual, nos sea totalmente desconocido? \u00bfY que, por lo tanto, no haya posibilidad de propon\u00e9rselo a las almas peque\u00f1as? \u00bfSer\u00e1 este punto una verdadera inc\u00f3gnita? Si es as\u00ed, trat\u00e1ndose de un punto capital como es el de la oraci\u00f3n, habr\u00edamos de deducir que su alma, su vida, su camino, nos son desconocidos e inaccesibles, y esto s\u00ed que es una hip\u00f3tesis inaceptable, que rotundamente nos negamos a admitir.<\/p>\n<p>Tratemos, pues, con la ayuda de la Santa, que nada desea tanto como instruirnos en esta materia, tratemos, digo, de adivinar el secreto de la oraci\u00f3n de Santa Teresa de Lisieux. Pong\u00e1monos confiadamente bajo su direcci\u00f3n. Pero notemos, ante todo, que no hemos de esperar de ella un m\u00e9todo. Esto ser\u00eda remar contra corriente. A este prop\u00f3sito nos parece necesaria una observaci\u00f3n preliminar. Teresa conduce a las almas desde el punto en que los m\u00e9todos de oraci\u00f3n no les son necesarios, y m\u00e1s bien ser\u00edan una r\u00e9mora para ellas. De ah\u00ed se deduce otra observaci\u00f3n pr\u00e1ctica: Teresa nos ense\u00f1a con evidencia que, en un momento dado, hay que liberar a las almas de los m\u00e9todos, y creemos, contrariamente a la opini\u00f3n com\u00fan, que este momento no tarda en llegar cuando se trata de un alma que se entrega con generosidad a la vida espiritual.<\/p>\n<p><strong>1<\/strong> <\/p>\n<p>A los principios, la mayor\u00eda de las almas necesitan de un m\u00e9todo. Digo la mayor\u00eda, pues algunas, m\u00e1s intuitivas -como la de Teresa-, nunca tuvieron necesidad de \u00e9l. Otras, en mayor n\u00famero, s\u00ed que lo necesitan, pero es evidente que s\u00f3lo es un medio provisional. Las almas no llegan a la verdadera oraci\u00f3n sino en la medida en que se liberan de ese andamiaje artificial. A la prudencia del Director toca discernir la oportunidad del momento en que ser\u00e1 necesaria esa emancipaci\u00f3n; m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano, seg\u00fan la necesidad de cada alma. Pero las almas peque\u00f1as, rectas y sinceras, no tardar\u00e1n, a juicio de Teresa, en sentir esa necesidad.<\/p>\n<p>En general, nos apegamos f\u00e1cilmente a nuestros medios humanos, a nuestros m\u00e9todos, ya en la direcci\u00f3n de las almas, ya en nuestra propia vida de oraci\u00f3n. Confundimos el medio con el fin, de tal modo que, en la pr\u00e1ctica, no pocas almas confunden la oraci\u00f3n con el m\u00e9todo, y el abandonarlo les parece una infidelidad, aunque, por otra parte, les resulta penoso sujetarse a \u00e9l.<\/p>\n<p>Para hacer oraci\u00f3n es preciso liberarse de todo lo que sea ficticio, y ponerse en la realidad. Nada menos sujeto a un m\u00e9todo que la oraci\u00f3n. Orar es someterse sinceramente a la acci\u00f3n de Dios, es decir, al Amor infinito; es entregarse a El, humilde y confiadamente. Y lo que falta a muchas almas es precisamente la confianza en Dios; inconscientemente se f\u00edan de s\u00ed mismas, de su propio trabajo y esfuerzo, de sus industrias y m\u00e9todos; con ellos cuentan y, consecuentemente, les conceden excesiva importancia.<\/p>\n<p>\u00a1Es lamentable! Es olvidar que Dios, y s\u00f3lo Dios, es el autor de la santidad, y que el trabajo del alma consiste en someterse sencillamente a la acci\u00f3n de Dios. Este punto es elemental, y, en teor\u00eda, todo el mundo lo sabe. \u00a1Pero cu\u00e1n lejos estamos de vivirlo en la pr\u00e1ctica!<\/p>\n<p>La mejor manera de comenzar la oraci\u00f3n es hacer un acto de fe, firme y ferviente, en el amor de Dios a la criatura miserable, y pedirle nos ense\u00f1e a corresponder a ese Amor. Esta es, dice el Cardenal Mercier, la \u00fanica manera eficaz de ponerse en la presencia de Dios: <em>Dios es Caridad<\/em>.<\/p>\n<p>Podemos, pues, afirmar que Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, que nunca us\u00f3 de m\u00e9todo en la oraci\u00f3n, nos ha prestado un gran servicio, pues por el hecho mismo nos recuerda qu\u00e9 es la oraci\u00f3n: intercambio de amor entre Dios, que es el Amor esencial, y el hombre, criado para amar, y que s\u00f3lo de Dios puede recibir el amor que necesita; intercambio de amor entre la miseria de la criatura humana y la misericordia amorosa del Creador. Esa es la esencia de la oraci\u00f3n; todo lo dem\u00e1s no son m\u00e1s que medios.<\/p>\n<p>Un \u00abmedio\u00bb es, por consiguiente, lo que llamamos \u00abMeditaci\u00f3n\u00bb; es decir, el ejercicio del esp\u00edritu, de la inteligencia, de la raz\u00f3n&#8230; Este ejercicio que para muchos es lo esencial, el meollo de la oraci\u00f3n, no es sino la antesala, el camino para entrar en ella. Y este medio necesario al principio, paso a paso ha de ir cediendo el terreno, y no ha de usarse sino en la medida necesaria para mover el coraz\u00f3n y despertar el amor.<\/p>\n<p>\u00a1Es incre\u00edble hasta qu\u00e9 punto complicamos el trabajo de la inteligencia en nuestra oraci\u00f3n! Razonamientos, sutilezas, divisiones y subdivisiones sin fin del tema hasta agotar su contenido racional, sin m\u00e1s provecho que un agotamiento cerebral. Sacamos, eso s\u00ed, una conclusi\u00f3n l\u00f3gica, muy l\u00f3gica, que bautizamos con el nombre de prop\u00f3sito; resoluci\u00f3n magn\u00edficamente racional, pero que en la pr\u00e1ctica resultar\u00e1 perfectamente est\u00e9ril y no tardaremos en olvidarla. La hemos hecho al margen de la realidad, de la verdad; es fruto de un trabajo humano.<\/p>\n<p>Perm\u00edtaseme hacer una indicaci\u00f3n sobre los libros de meditaci\u00f3n. Estamos como inundados por este g\u00e9nero de literatura, que se va multiplicando; hay un verdadero pugilato de consideraciones largas y complicadas. Y, a mi parecer, los libros de meditaci\u00f3n son, bajo cierto punto, un obst\u00e1culo a la oraci\u00f3n. Es muy de temer que esos temas interminables torturen la mayor\u00eda de las inteligencias, llenando el alma de pensamientos y de ideas, que por no ser propias, nada tienen de com\u00fan con ellas, con su estado actual, con sus atractivos, con sus necesidades; y pueden ser un tropiezo a la acci\u00f3n de la gracia, al trabajo del Esp\u00edritu Santo. Y \u00bfqu\u00e9 sucede?; que la meditaci\u00f3n, a la que impropiamente llamamos oraci\u00f3n, se convierte en algo ficticio, impersonal, falto de profundidad y de naturalidad. De ah\u00ed que se convierte en un trabajo fastidioso, y que las almas, lejos de sentir hambre y sed de este ejercicio, se hast\u00edan de \u00e9l y lo abandonan, o al menos lo hacen como forzadas y por cumplimiento. Y hecho as\u00ed, rutinariamente, no da ning\u00fan resultado pr\u00e1ctico. \u00a1 Qu\u00e9 bien dijo Santa Teresa!: \u00ab La oraci\u00f3n no consiste en pensar mucho, sino en amar mucho.\u00bb Su hija, Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, nos dice eso mismo a su modo, no con palabras expresas, sino con su ejemplo, haciendo su oraci\u00f3n con el coraz\u00f3n, es decir, amando.<\/p>\n<p>Notemos, pues, que la primera ense\u00f1anza de Teresa es \u00e9sta: la oraci\u00f3n es una cosa sumamente sencilla. \u00a1Qu\u00e9 lecci\u00f3n tan provechosa! Agradezc\u00e1mosle que nos la haya dado con su silencio, y procuremos simplificar la nuestra, en lugar de complicarla. Una palabra de Teresa servir\u00e1 para esclarecer m\u00e1s este punto: \u00abNo encuentro en los libros nada que me satisfaga\u00bb. \u00abEl Evangelio me basta.\u00bb Esta sencilla palabra es luminos\u00edsima; iba a decir divina.<\/p>\n<p>Jesucristo se hizo hombre y vino al mundo para ense\u00f1arnos todo lo necesario en orden a la perfecci\u00f3n, a la santidad. Y esta su ense\u00f1anza no fue razonada ni filos\u00f3fica, sino sencilla, expuesta con palabras y lecciones llenas de luz y de vida, corroboradas por sus acciones, sus ejemplos, su vida toda. Esto es lo que encontramos en el Evangelio, el libro de Meditaci\u00f3n por excelencia. Cuatro vol\u00famenes escritos por Dios mismo, que nos muestran cu\u00e1l es la perfecci\u00f3n, practicada por un Dios, por nuestro Dios hecho hombre.<\/p>\n<p>\u00bfNo ser\u00eda razonable que todos los cristianos, especialmente las almas cristianas \u00e1vidas de perfecci\u00f3n, dijesen, como Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas: \u00ab El Evangelio me basta\u00bb? Tanto m\u00e1s cuanto que muchos podr\u00edan decir como ella: \u00abNo encuentro en los libros nada que me satisfaga.\u00bb L\u00e1stima que con tanta frecuencia nos apartemos de la verdad, siempre luminosa y sencilla, para entrar en un camino falso, artificial, complicado y fastidioso!<\/p>\n<p><strong>2<\/strong> <\/p>\n<p>Hemos llegado al nudo de la cuesti\u00f3n. Nos va a ser relativamente f\u00e1cil imaginar cu\u00e1l fue la oraci\u00f3n de nuestra Santa Carmelita. Abr\u00eda el Evangelio; le\u00eda algunos vers\u00edculos, no muchos; el Evangelio no es un libro que se pueda asimilar a grandes dosis. Entonces, despertando su fe ingenua y sencilla en el amor de Dios, adoraba humildemente a este Amor infinito; ped\u00eda la gracia de comprenderle mejor a trav\u00e9s de Jesucristo y se ofrec\u00eda a El para que realizase en ella su obra y le ense\u00f1ase a corresponder a sus designios.<\/p>\n<p>En esa actitud de fe, de humildad, de adoraci\u00f3n y de deseo miraba a Jesucristo y le escuchaba. En esa sencilla mirada su alma se empapaba en la contemplaci\u00f3n de Jesucristo, de sus obras, de sus palabras. No buscaba m\u00e1s que el amor, y lo percib\u00eda profundizando la letra Evang\u00e9lica hasta dar con el esp\u00edritu que la vivifica. Suavemente, sin prisa, sin agitaci\u00f3n, su alma recib\u00eda nuevas luces; Dios se manifestaba m\u00e1s y m\u00e1s a ella, como un Padre infinitamente amante. Crec\u00eda en su coraz\u00f3n el deseo de amarle, y aprend\u00eda de Jes\u00fas, su modelo divino, la ciencia maravillosa de la caridad.<\/p>\n<p>As\u00ed, sin c\u00e1lculo, sin artificio, con la mayor naturalidad, formaba sus resoluciones si Dios se las suger\u00eda. Pero no se empe\u00f1aba en terminar su oraci\u00f3n con lo que los libros denominan el prop\u00f3sito del d\u00eda. Se renovaba y se reafirmaba, eso s\u00ed, en la firme resoluci\u00f3n de hacerlo todo para agradar a Dios.<\/p>\n<p>Sal\u00eda de la oraci\u00f3n no con la cabeza cansada, sino con el coraz\u00f3n dilatado; no con muchas hermosas ideas, sino m\u00e1s deseosa de no desperdiciar ninguna ocasi\u00f3n de sacrificarse para demostrar con estas nader\u00edas, como ella dec\u00eda, la sinceridad de su amor. Las ideas, por muy hermosas que fuesen, pronto las hubiese olvidado. Pero el deseo de amar se posesionaba cada vez m\u00e1s de su coraz\u00f3n, y se hac\u00eda efectivo a lo largo de las acciones del d\u00eda. Esa era la oraci\u00f3n de Teresa. Bien pod\u00eda decir que le bastaba el Evangelio. \u00a1 Qu\u00e9 triste ser\u00eda que a nosotros no nos bastase este libro divino!<\/p>\n<p>Aqu\u00ed ocurre preguntar: \u00bfpor qu\u00e9 muchas almas no encuentran en el Evangelio el alimento que necesitan? \u00bfPor qu\u00e9 no les basta la lectura de este libro? Quiz\u00e1 porque acuden a \u00e9l con cierta curiosidad intelectual, deseando nutrir su esp\u00edritu de ideas y pensamientos nuevos; buscan en el Evangelio lo accidental, y dejan a un lado lo sustancial.<\/p>\n<p>El Evangelio es el libro del Amor. No se ha de buscar en El m\u00e1s que amor. Quien se acerque al Evangelio con ese esp\u00edritu quedar\u00e1 iluminado.<\/p>\n<p>No creo que Teresa haya le\u00eddo muchos comentarios del Evangelio. Sucede con estos comentarios lo que con los libros de meditaci\u00f3n; es preciso desembarazarse de las dificultades y puntos oscuros que en ellos se encuentran, para dar con la savia vivificadora. Y de hecho no son los comentaristas quienes nos ayudan a esclarecer el sentido del libro sagrado. El \u00fanico verdadero comentarista del Evangelio es el Esp\u00edritu Santo, que ilumina a cada alma. Nos dijo nuestro Se\u00f1or: <em>Cuando venga el Esp\u00edritu Consolador&#8230; os recordar\u00e1 todo lo que Yo os he dicho<\/em> (Jn. 16, 13; 14, 26). Se pueden entender tambi\u00e9n en este sentido estas palabras de la \u00abImitaci\u00f3n\u00bb: \u00abLa Sagrada Escritura debe ser le\u00edda con el mismo esp\u00edritu con que fue escrita\u00bb. El Esp\u00edritu Santo es el autor del Evangelio; luego s\u00f3lo El puede ayudarnos a comprenderlo.<\/p>\n<p>\u00bfEra contemplativa la oraci\u00f3n de Teresa? S\u00ed, ciertamente. Contemplaci\u00f3n tan sencilla que est\u00e1 a nuestro alcance, y que todos debemos desear, puesto que, como Teresa, hemos recibido los dones del Esp\u00edritu Santo que son la fuente de la contemplaci\u00f3n. Don de Entendimiento, Don de Sabidur\u00eda y, sobre todo, Don de Piedad.<\/p>\n<p>Es de lamentar, dicho sea de paso, que los autores espirituales, al hablar de la contemplaci\u00f3n, apenas mencionan el Don de Piedad. En \u00e9l y por \u00e9l reciben las almas la gracia propiamente m\u00edstica, que es ante todo un toque de amor recibido en la voluntad, si bien es, al mismo tiempo, una gracia de luz, la cual reside en la inteligencia. La oraci\u00f3n, la contemplaci\u00f3n de Teresa, fue ante todo y sobre todo una oraci\u00f3n de amor.<\/p>\n<p>Lo dicho bastar\u00e1 para que comprendamos y gustemos lo que Teresa pensaba de las distracciones y sequedades en la oraci\u00f3n. De la suya apenas nos revela otra cosa que esas distracciones y somnolencias. Es frecuente creer que las distracciones son la ruina de la oraci\u00f3n, y nos lamentamos de ellas porque hacemos de la oraci\u00f3n un ejercicio principalmente intelectual. No opinaba as\u00ed Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, como tampoco su madre, Teresa de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Escuchemos sus confidencias, ingenuas, s\u00ed, pero llenas de sabidur\u00eda. \u00abDeber\u00eda atribuir mi sequedad a mi falta de fervor y de fidelidad. Deber\u00eda entristecerme al ver que con frecuencia me duermo durante mi oraci\u00f3n y acci\u00f3n de gracias. Pues bien, no me desconsuelo. Pienso que los ni\u00f1os agradan a sus padres tanto si est\u00e1n dormidos como despiertos; pienso que el Se\u00f1or ve nuestra fragilidad y tiene en cuenta que no somos m\u00e1s que polvo\u00bb (Ps. 102, 14). \u00abEn mis relaciones con Jes\u00fas, nada; \u00a1sequedad, sue\u00f1o! Puesto que mi Amado parece dormir, no se lo impedir\u00e9. Me siento demasiado dichosa de ver que no me trata como a una extra\u00f1a; que no se molesta por m\u00ed. Pues ciertamente no es El quien sostiene la conversaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Estas palabras no tendr\u00edan sentido si la oraci\u00f3n fuese solamente un ejercicio de la mente. Es, ante todo, un ejercicio de la voluntad, del coraz\u00f3n; consiste en la uni\u00f3n afectiva con Dios por amor. Y as\u00ed, las distracciones y dem\u00e1s miserias naturales se convierten en nuevo motivo de humildad, de confianza y de amor filial.<\/p>\n<p>Para terminar, quiero citar unas palabras del Padre Petitot sobre la oraci\u00f3n de Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas: \u00abQuien no ora (virtualmente) todo el d\u00eda nunca tendr\u00e1 oraci\u00f3n.\u00bb Estas palabras podr\u00e1n parecer parad\u00f3jicas y exageradas, pero son profundamente exactas. El alma que durante el d\u00eda no conserva el recogimiento podr\u00e1 quiz\u00e1 en un momento dado hacer lo que se llama \u00abmeditaci\u00f3n\u00bb, es decir, un ejercicio de la mente durante el cual podr\u00e1 ordenar unas cuantas ideas y reflexiones de orden sobrenatural, pero no es una oraci\u00f3n propiamente dicha. Sirva esta indicaci\u00f3n para animarnos a entrar en el camino de la oraci\u00f3n recorrido por nuestra Santa.<\/p>\n<p>Sin un recogimiento habitual, ni se comprende ni es accesible esta oraci\u00f3n sencilla que se alimenta del Evangelio.<\/p>\n<p>Pero conviene precisar un poco en qu\u00e9 consisti\u00f3 el recogimiento habitual de Teresa. Se dice ordinariamente que el recogimiento es una preparaci\u00f3n, una condici\u00f3n para la oraci\u00f3n. Ahora bien, \u00bfqu\u00e9 entienden muchas almas por recogimiento? \u00bfUn esfuerzo del esp\u00edritu? \u00bfUna renovaci\u00f3n m\u00e1s o menos frecuente de la presencia de Dios? Podr\u00e1 ser meritorio este trabajo del esp\u00edritu, esta tensi\u00f3n del pensamiento. Pero tal esfuerzo, del que f\u00e1cilmente se cansan las almas, ser\u00e1 poco provechoso. No era de este g\u00e9nero el recogimiento de Teresa, como no lo es el aut\u00e9ntico recogimiento, que radica no en el esp\u00edritu, sino en el coraz\u00f3n; no en el pensamiento, sino en el amor. As\u00ed entendido, el recogimiento habitual y la oraci\u00f3n no son dos cosas distintas, la primera de las cuales sea condici\u00f3n para la segunda; sino que son una sola y misma cosa, ininterrumpida, continua, pues las dos constituyen la vida misma de nuestra alma que se alimenta de amor.<\/p>\n<p>Esto explica la sencillez y naturalidad con que Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas hac\u00eda su oraci\u00f3n. El trato con Dios era su vida; su oraci\u00f3n y su deseo de dar gusto al Se\u00f1or eran frutos de una misma ra\u00edz: el Amor. Por eso no necesitaba m\u00e9todo: \u00abAma y haz lo que quieras.\u00bb <\/p>\n<hr \/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo te glorifico, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los peque\u00f1uelos (Lc. 10, 21). Hablemos ahora de la oraci\u00f3n de Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas. Confieso que me ha costado decidirme a abordar este tema, aunque me atra\u00eda extraordinariamente. 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