{"id":2627,"date":"2007-09-02T02:27:39","date_gmt":"2007-09-02T02:27:39","guid":{"rendered":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/nan-27\/"},"modified":"2026-08-16T02:32:59","modified_gmt":"2026-08-16T02:32:59","slug":"santa-teresa-del-nino-jesus-y-su-caridad-con-el-projimo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/santa-teresa-del-nino-jesus-y-su-caridad-con-el-projimo\/","title":{"rendered":"Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y su caridad con el pr\u00f3jimo"},"content":{"rendered":"<p><em>Si me am\u00e1is, guardar\u00e9is mis mandamientos <\/em>(Jn. 14, 95). <em>Esto os mando: que os am\u00e9is unos a otros<\/em> (Ib. 15, 17). Mis mandamientos se reducen a uno: amaos los unos a los otros. Estos dos amores, amor de Dios y amor del pr\u00f3jimo, son inseparables.<\/p>\n<p>As\u00ed lo comprendi\u00f3 Teresa. Oigamos sus confidencias:<\/p>\n<p>Procuraba ante todo amar a Dios, y am\u00e1ndole a El comprend\u00ed el deber de la caridad en toda su extensi\u00f3n\u00bb. \u00abCuando m\u00e1s unida estoy a Jes\u00fas, m\u00e1s amo a todas mis Hermanas\u00bb. Hab\u00eda comprendido a su Maestro. Jes\u00fas ama a Dios su Padre, y en virtud de ese amor ama tambi\u00e9n a los hombres, porque el Padre los ama, y se entrega por ellos. <em>Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso<\/em> (1 Jn. 4, 20). La raz\u00f3n es muy sencilla: <em>\u00bfPues quien no ama al pr\u00f3jimo a quien ve, c\u00f3mo amar\u00e1 a Dios, a quien no ve?<\/em><\/p>\n<p>Amar a Dios, que nos ama; amar a los hombres porque Dios los ama; es la esencia del Evangelio. Teresa lo comprendi\u00f3 y lo vivi\u00f3.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed palpamos la identidad de la ley de la renuncia y de la ley del amor en el esp\u00edritu del Evangelio y en el alma de Teresa. Observar la ley de la caridad es renunciarse a s\u00ed mismo, a fin de vivir para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La Sabidur\u00eda evang\u00e9lica, que tan bien entendi\u00f3 Teresa, se reduce a una palabra: \u00a1Amor! Amor a Dios y, en El, a todos los hombres. <em>La caridad es la plenitud de la ley <\/em>(Rom. 13, 10). Pero, not\u00e9moslo, la pr\u00e1ctica de esta Sabidur\u00eda es humilde y modesta. Condici\u00f3n esencial para que nuestra caridad sea real y no imaginaria, para que exista no en f\u00f3rmulas y palabras, sino de hecho y en verdad. <em>No amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y de verdad<\/em> (1 Jn. 3, 18).<\/p>\n<p>En nuestra vida real, nuestras relaciones con el pr\u00f3jimo, con nuestros hermanos, se reducen a una serie de circunstancias vulgares, insignificantes, de peque\u00f1os detalles; en ellos hemos de practicar la caridad, el olvido propio. Desperdiciar esas ocasiones es exponerse a vivir de ilusi\u00f3n, reduciendo nuestra caridad al terreno de la teor\u00eda. Al contrario, la verdadera pr\u00e1ctica de la caridad consiste en estar alerta para descubrir y aprovechar esas peque\u00f1eces. As\u00ed lo hizo Teresa, entreg\u00e1ndose a s\u00ed misma y sobrellevando a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Veamos su caridad bajo este doble aspecto: entrega de si; paciencia con el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p><strong>1<\/strong> <\/p>\n<p>Don de s\u00ed.<\/p>\n<p>Con verdadero gusto os presento este bot\u00f3n de muestra: \u00abUna palabra, una sonrisa amable, basta muchas veces para que un alma triste se desahogue\u00bb. Nada m\u00e1s a nuestro alcance que esta forma de vivir el don total.<\/p>\n<p>Otro detalle: \u00abMis mortificaciones consist\u00edan en romper mi voluntad, siempre dispuesta a imponerse; en no replicar; en hacer peque\u00f1os servicios sin darlo importancia\u00bb. O bien: \u00abSi me cogen una cosa de mi uso, no debo dar a entender que lo siento, sino, al contrario, mostrarme feliz de que me hayan desembarazado de ella\u00bb. Estos rasgos tan insignificantes nos revelan la delicadeza de su caridad. Y nos ense\u00f1an que esta virtud implica el olvido propio. Y eso es lo que de ordinario nos falta. Aun en el deseo de practicar la caridad nos mueve a veces el secreto af\u00e1n de parecer caritativos.<\/p>\n<p>Nada de eso se advierte en nuestra Santa: \u00abNo debo ser complaciente para parecerlo o para ser correspondida\u00bb. Y recuerda las palabras de nuestro Se\u00f1or: <em>Y si hac\u00e9is bien a los que bien os hacen, \u00bf qu\u00e9 m\u00e9rito es el vuestro? Puesto que aun los pecadores hacen lo mismo<\/em> (Lc. 6, 33). Qu\u00e9 sugerente es su interpretaci\u00f3n de estas otras palabras del Maestro: <em>Al que te pida, dale&#8230;, y al que quisiera quitarte la t\u00fanica, al\u00e1rgale tambi\u00e9n la capa<\/em> (Mt. 5, 40). \u00bfQu\u00e9 entendemos por \u00abalargar la capa\u00bb? Dice Teresa: \u00abRenunciar a los m\u00e1s elementales derechos; considerarse esclavo de los dem\u00e1s\u00bb. Esto es puro Evangelio. Y, not\u00e9moslo, Teresa se da cuenta de que, \u00ablejos de agradecer sus servicios, abusar\u00e1n quiz\u00e1 de su amabilidad. F\u00e1cilmente cargar\u00e1n de trabajo a las que siempre est\u00e1n dispuestas a ayudar\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 su conclusi\u00f3n pr\u00e1ctica? Merece la pena subrayarlo: \u00abNo debo alejarme de las Hermanas que f\u00e1cilmente me piden favores\u00bb. Conoce los subterfugios del ego\u00edsmo y recuerda las palabras del Maestro: <em>No tuerzas tu rostro al que pretende de ti alg\u00fan pr\u00e9stamo<\/em> (Mt. 5, 42). Nada tiene, pues, de extra\u00f1o que se imponga como regla de conducta: \u00abNo basta dar al que me pida; es menester adelantarme y mostrarme muy honrada de que me pidan un favor\u00bb.<\/p>\n<p>Citemos un rasgo de c\u00f3mo vivi\u00f3 nuestra Santa este principio. Hab\u00eda en el Carmelo una Hermana anciana y enferma que apenas pod\u00eda andar. Era dif\u00edcil contentar\u00eda; hab\u00eda que sostenerla por detr\u00e1s, por delante; andar ni demasiado de prisa ni demasiado despacio; en llegando al refectorio hab\u00eda que instalarla de cierta manera, recogerle las mangas a su modo, disponer los cubiertos, cortar el pan tambi\u00e9n a su modo. La pobre enferma se quejaba constantemente. Teresa se ofreci\u00f3 a ayudarla y se hizo su esclavita. Y con paciencia lleg\u00f3 a hacer sonre\u00edr a la pobre Hermana. Qu\u00e9 ejemplo tan sugestivo! Para conquistar las almas no bastan los ademanes correctos, pero fr\u00edos; es preciso amarlas, es preciso entregarse. En eso consiste la caridad, en el don de s\u00ed, en el olvido propio. Es la ense\u00f1anza de Jes\u00fas en el Evangelio. \u00a1Y qu\u00e9 bien la comprendi\u00f3 Teresa!<\/p>\n<p><strong>2<\/strong> <\/p>\n<p>Soportar a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>El olvido propio, es decir, la caridad, exige con el don total de s\u00ed mismo la benevolencia con el pr\u00f3jimo. La pr\u00e1ctica de la caridad no ser\u00e1 perfecta si no soportamos pacientemente al pr\u00f3jimo. \u00abPacientemente\u00bb. No olvidemos que la paciencia es la ra\u00edz de toda virtud. San Pablo comienza el elogio de la caridad con estas palabras: <em>La caridad es paciente<\/em> (1 Cor. 13, 4).<\/p>\n<p>La primera condici\u00f3n necesaria para practicar la caridad es resolverse a ser paciente cueste lo que cueste. Paciencia con todos y en todo; es preciso sufrir las flaquezas del pr\u00f3jimo, car\u00e1cter, defectos, faltas, imperfecciones. Vemos c\u00f3mo supo Teresa ejercitar esta virtud. Dej\u00e9mosle la palabra.<\/p>\n<p>Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas sent\u00eda una antipat\u00eda natural muy acentuada hacia una Hermana que ten\u00eda el don de desagradarle en todo. Para no dejarse llevar de sus sentimientos se vali\u00f3 de un medio ingenioso durante muchos meses, hasta conseguir una victoria completa. \u00abProcuraba -dice la Santa- hacer por esta Hermana lo que har\u00eda por la persona m\u00e1s querida. Cada vez que la encontraba ped\u00eda a Dios por ella; no contenta con esto, procuraba prestarle cuantos servicios pudiera, y cuando se sent\u00eda tentada de contestarle bruscamente, le dirig\u00eda su m\u00e1s amable sonrisa. Con frecuencia, al yerme tentada con mayor violencia, para que ella no se apercibiera de mi lucha interna, hu\u00eda como un soldado desertor\u00bb. Y confiesa alegremente \u00abque este medio, poco honroso quiz\u00e1, le dio un gran resultado\u00bb.<\/p>\n<p>El ejemplo es t\u00edpico. La Hermana en cuesti\u00f3n ten\u00eda el don de desagradar a Teresa \u00aben todo\u00bb. Este \u00abtodo\u00bb es categ\u00f3rico. La t\u00e1ctica de la Santa en este caso es aleccionadora: toma la ofensiva. No se contenta con evitar las manifestaciones exteriores de su antipat\u00eda natural, es decir, de sus impresiones ego\u00edstas. Para vencerse totalmente extrema las demostraciones de simpat\u00eda y de afecto. De hecho, esta t\u00e1ctica es la m\u00e1s eficaz y la m\u00e1s f\u00e1cil; s\u00f3lo ella proporciona al alma entusiasmo y alegr\u00eda; la alegr\u00eda del amor plenamente satisfecho. La victoria fue completa, tanto que su hermana mayor, Mar\u00eda, le reproch\u00f3 que amase a la religiosa en cuesti\u00f3n m\u00e1s que a sus propias hermanas, y aun la misma interesada, que naturalmente le era tan antip\u00e1tica, lleg\u00f3 a creer que era su mejor amiga. \u00a1As\u00ed combaten los santos!<\/p>\n<p>F\u00e1cilmente comprenderemos, pues, las siguientes palabras de Teresa: \u00abHe comprendido que la verdadera caridad consiste en soportar los defectos del pr\u00f3jimo, en no extra\u00f1arse de sus debilidades\u00bb. Pero Teresa no se contenta con esto. Su mirada, iluminada por el amor, ve en esas flaquezas del pr\u00f3jimo otros tantos instrumentos que Dios le depara para liberarla de si misma, de su amor propio, de su ego\u00edsmo. Consecuente con esta idea, pidi\u00f3 y obtuvo que la pusieran en la roper\u00eda, bajo la dependencia de una Hermana que, por su car\u00e1cter dif\u00edcil, inevitablemente -Teresa lo sab\u00eda- hab\u00eda de hacerla sufrir mucho. El resultado fue el mismo: la victoria o, mejor, una serie de victorias.<\/p>\n<p>Conoc\u00eda el valor de este consejo que daba a las Novicias: \u00abCuando sint\u00e1is una violenta aversi\u00f3n hacia una persona, pedid a Dios la recompense, porque os ocasiona sufrimiento. Este es el mejor medio de recuperar la paz\u00bb. Si comprendi\u00e9semos el poder santificador de la paciencia, reconocer\u00edamos que las personas que nos hacen sufrir tienen derecho a nuestra gratitud.<\/p>\n<p>Es defecto bastante com\u00fan que cuando vemos una culpa o equivocaci\u00f3n en el pr\u00f3jimo nos empe\u00f1amos en hac\u00e9rselo ver. Veamos qu\u00e9 piensa la Carmelita de Lisieux de estas impaciencias disfrazadas: \u00abQuerer persuadir a nuestras Hermanas de que son culpables, aun cuando esto sea cierto, no es buena t\u00e1ctica. No hemos de ser jueces de paz, sino \u00e1ngeles de paz\u00bb. Esta palabra, \u00ab\u00e1ngel de paz\u00bb, es muy evang\u00e9lica, aun cuando no figure en el Evangelio.<\/p>\n<p>La joven Maestra de Novicias sabia, por otra parte, que quienes desempe\u00f1an ciertos cargos tienen el deber de reprender, de corregir, de orientar a las almas. Ella lo hac\u00eda. Pero \u00a1con qu\u00e9 delicadeza! A impulsos de su caridad, curaba y fortalec\u00eda a las almas enfermizas. \u00abSiento -escrib\u00eda- que debo compadecerme de las enfermedades espirituales de mis Hermanas, como usted, Madre, se compadece de mi enfermedad f\u00edsica\u00bb. La Santa estaba por entonces enferma, y los cuidados que le prodigaba su Madre Priora le suger\u00edan esta reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1nta psicolog\u00eda sobrenatural y evang\u00e9lica encierra esta su regla de direcci\u00f3n! \u00ab \u00a1Con cu\u00e1ntas precauciones hay que tratar a las almas que sufren! A veces, inconscientemente, se las hiere por falta de miramientos, por desatenciones o procederes poco delicados, cuando ser\u00eda necesario prodigarles toda clase de alivios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 aroma de Evangelio respiran estas reflexiones! Pr\u00e1ctica del Evangelio en el contacto con las m\u00ednimas circunstancias de la vida real, de la vida cotidiana; pr\u00e1ctica del Evangelio continua, ininterrumpida. Paciencia, comprensi\u00f3n con el pr\u00f3jimo; he ah\u00ed la caridad de Cristo.<\/p>\n<p>Un \u00faltimo rasgo, que &#8216;pone de relieve las delicadezas de la Santa, muestra al mismo tiempo cu\u00e1nto le costaban las victorias de la caridad, lo cual no deja de ser alentador. Se trata de una Hermana que en la oraci\u00f3n no cesa de menear el rosario, con el ruidito consiguiente. \u00abHubiera querido -dice- volver la cabeza (qui\u00e9n no lo hubiera hecho) para mirar a la interesada a fin de que cesara el ruidito. Pero comprend\u00ed que era mejor sufrirlo pacientemente para evitar a la Hermana una pena.\u00bb Y a\u00f1ade: \u00abProcuraba, pues, quedarme quieta, pero a veces me inundaba el sudor y mi oraci\u00f3n era de sufrimiento y de lucha.\u00bb Teresa hubiera sucumbido en ella si su caridad no le hubiera sugerido una estratagema eficaz, infantil quiz\u00e1, pero que puede ser un recurso en casos an\u00e1logos. \u00abProcuraba aficionarme a ese ruidito desagradable. En lugar de esforzarme en no o\u00edrlo cosa imposible-, lo escuchaba atentamente como si se tratara de un maravilloso concierto. Y mi oraci\u00f3n, que ciertamente no era de quietud, se reduc\u00eda a ofrecer ese concierto a Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfIngenuidad? \u00bfPuerilidad? Quiz\u00e1; pero no hemos de olvidar que de los ni\u00f1os es el reino de los cielos.<\/p>\n<p>De creer es que la ofrenda de este concierto fue grata a Jes\u00fas. Nada es peque\u00f1o si tiene por m\u00f3vil la caridad. Esa es la infancia evang\u00e9lica. Y Teresa lo ha comprendido.<\/p>\n<hr \/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si me am\u00e1is, guardar\u00e9is mis mandamientos (Jn. 14, 95). Esto os mando: que os am\u00e9is unos a otros (Ib. 15, 17). Mis mandamientos se reducen a uno: amaos los unos a los otros. Estos dos amores, amor de Dios y amor del pr\u00f3jimo, son inseparables. As\u00ed lo comprendi\u00f3 Teresa. 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