{"id":2629,"date":"2007-09-02T02:29:56","date_gmt":"2007-09-02T02:29:56","guid":{"rendered":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/nan-29\/"},"modified":"2026-08-16T02:32:59","modified_gmt":"2026-08-16T02:32:59","slug":"ofrenda-al-amor-misericordioso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/ofrenda-al-amor-misericordioso\/","title":{"rendered":"Ofrenda al Amor Misericordioso"},"content":{"rendered":"<p>\u00abOh Dios m\u00edo, Trinidad Beat\u00edsima&#8230; Me ofrezco como v\u00edctima de holocausto a vuestro Amor Misericordioso\u00bb.<\/p>\n<p>Nada mejor para terminar estas p\u00e1ginas que comentar la ofrenda de Teresa al Amor Misericordioso.<\/p>\n<p>Este acto me parece admirable; admirable en su sencillez, sinceridad y plenitud. En \u00e9l est\u00e1 compendiado el camino de Teresa; su deseo de amar, humilde y confiado, sostenido por su fe en el Amor Misericordioso.<\/p>\n<p>Unas palabras aclaratorias. Teresa se ofrece, no a la Majestad Divina, sino al Amor; no como v\u00edctima a la Justicia Divina, sino a su Amor Misericordioso.<\/p>\n<p><strong>1<\/strong> <\/p>\n<p>Expliquemos estos dos conceptos: Amor Misericordioso.<\/p>\n<p>En concreto, \u00bfqu\u00e9 significa este acto? Es sencillamente la expresi\u00f3n m\u00e1s adecuada, la palabra m\u00e1s indicada para manifestar el deseo de amar a Dios y agradarle en todo. Cuando este deseo despierta en un alma y \u00e9sta se deja invadir por \u00e9l, se siente impotente para amar. Y se resuelve a aprovechar todas las ocasiones u oportunidades de sacrificarse para agradar a Dios; toda su vida se orienta en este sentido. Y no pudiendo satisfacer cumplidamente sus inmensos deseos, acaba por ofrecerse. Y \u00bfa qui\u00e9n se ofrece? \u00bfA la santidad para reparar? No. \u00bfA la justicia para satisfacer? Tampoco. Al Amor para que se vuelque en ella.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 bien comprendi\u00f3 el coraz\u00f3n de Dios! Dios es Amor, dice San Juan. Tiene sed de ser amado y experimenta la necesidad de comunicarse y de ser correspondido. Y la criatura reconociendo su nada, exclama: \u00ab\u00a1Oh Amor, haced en milo que os plazca, venid a m\u00ed, para que Vos mismo os am\u00e9is en m\u00ed con vuestro Amor infinito!\u00bb<\/p>\n<p>Esto es lo que hizo Teresa. Vi\u00e9ndose pobre e impotente para amar, no ofreci\u00f3 a Dios su amor. Le ofreci\u00f3 su indigencia para que sobre ella volcara El su amor. Sab\u00eda que el deseo Divino de comunicarse a nosotros es infinitamente mayor que nuestro deseo de recibirle. \u00abEl Bien tiende a comunicarse\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, sencillamente, para demostrar a Dios que le comprende, y para complacerle, le muestra el vac\u00edo de su pobre coraz\u00f3n creado, y le abre de par en par las puertas de su alma present\u00e1ndosela como vaso vac\u00edo para que El lo llene; en una palabra, se ofreci\u00f3 al Amor.<\/p>\n<p>Teresa sinti\u00f3 profundamente la palabra de San Pablo: \u00ab<em>La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por medio del Esp\u00edritu Santo que se nos ha dado<\/em>\u00bb (Rom. 5, 5).<\/p>\n<p>Esta ofrenda es en realidad una petici\u00f3n; la m\u00e1s desinteresada, la m\u00e1s pura, la m\u00e1s sobrenatural que darse puede. Al ofrecerse, Teresa pide a Dios quiera complacerse a S\u00ed mismo, satisfaciendo en ella su sed infinita de ser amado. Este acto de ofrenda parece la realizaci\u00f3n concreta y viviente de la descripci\u00f3n que hace San Pablo cuando habla de esas oraciones y gemidos inenarrables con que el Esp\u00edritu Santo dama en las almas fieles a sus mociones: <em>el mismo Esp\u00edritu aboga por nosotros con gemidos inenarrables<\/em> (Rom. 8, 26). Esos gemidos sin f\u00f3rmulas, indecibles, no son sino el deseo profundo de amar que s\u00f3lo puede traducirse en ofrenda al Amor poni\u00e9ndose a su disposici\u00f3n para que ese Amor Infinito haga en ella cuanto El quiera, en actitud de sumisi\u00f3n perfecta a su divino querer en todo.<\/p>\n<p>Teresa comprendi\u00f3 que ah\u00ed est\u00e1 la esencia de la oraci\u00f3n que siempre encuentra eco en el Coraz\u00f3n de Dios: <em>Aquel que penetra a fondo los corazones, conoce bien qu\u00e9 es lo que desea el Esp\u00edritu; el cual no pide cosa alguna para los santos, que no sea seg\u00fan Dios<\/em> (Rom. 8, 27). En esta sencilla ofrenda, exenta de f\u00f3rmulas y de peticiones, se pide m\u00e1s que en cualquiera otra oraci\u00f3n concreta; se pide, \u00abal modo divino\u00bb, <em>porque intercede por los santos seg\u00fan Dios<\/em>. Y al ofrecerse, Teresa deja a Dios, en cierto modo, el camino expedito, para que su Amor Infinito pueda, en cuanto cabe, satisfacer en ella su ansia incontenible de ser amado.<\/p>\n<p>En verdad que nuestra Santa comprendi\u00f3 a Dios mejor que muchos te\u00f3logos que creen conocerle. Le comprendi\u00f3 por intuici\u00f3n, con humildad, sencillez y candor. Y reconoci\u00f3 que aquel su deseo de amar provoca, en cierta manera al Amor Infinito, al mismo Dios para que colme su deseo de ser amado hasta el fin, si es que se puede hablar de l\u00edmite en este deseo divino. Su acto de ofrenda no tiene otra explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero hay m\u00e1s todav\u00eda. Una idea que proyecta nueva luz sobre las muchas que ya hemos recibido.<\/p>\n<p><strong>2<\/strong> <\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que se interpone con frecuencia entre las almas y el acto de amor puro? Esta vulgar objeci\u00f3n: \u00abEsto es demasiado hermoso para m\u00ed; no he llegado al nivel necesario para vivir de amor, no soy digna\u00bb. Teresa ha previsto esta dificultad. Siempre deseosa de animar a las almas peque\u00f1as, a\u00f1ade en su ofrenda al Amor una palabra importante y decisiva; la palabra \u00abMisericordioso\u00bb. Esto es \u00a1infinitamente alentador y evang\u00e9lico!<\/p>\n<p>Sin peligro de ilusi\u00f3n, hemos de ver en nuestras miserias e imperfecciones, no una raz\u00f3n en contra, sino un motivo para entregarnos al Amor, puesto que es \u00abMisericordioso\u00bb. Se comprende que nos juzguemos indignos de ofrecernos como v\u00edctimas a la Justicia Divina. Pero aqu\u00ed se trata de ofrecerse al Amor. Se le ofrece la miseria, que es el objeto propio de la Misericordia, y cuanto m\u00e1s abunda esta miseria, mayor es la aptitud del sujeto para la manifestaci\u00f3n de la Misericordia Infinita.<\/p>\n<p>Podemos, pues, ofrecer osadamente nuestras miserias a la Misericordia que necesita de ellas para tener en qu\u00e9 ejercerse, y mejor manifestarse. Una vez m\u00e1s hemos de reconocer que Teresa ha comprendido a Dios. Sus designios al crear el mundo actual (incluido el pecado y sus consecuencias) no han sido otros que manifestar y glorificar su Amor, en cuanto es infinitamente Misericordioso.<\/p>\n<p>Nuestro orgullo se resiste a creerlo pr\u00e1cticamente. Ofrecer a Dios nuestras miserias es glorificarle, es complacerle, es ofrecerle una ocasi\u00f3n de manifestar el atributo de la Misericordia que tanto le glorifica. Ofrecer a Dios las propias miserias es sentirse liberado y curado de ellas, no por nuestro m\u00e9rito, sino por el Amor de Dios que gusta de manifestarse tal cual es; es decir, Misericordioso.<\/p>\n<p>Al llegar a este punto se nos ofrece una consideraci\u00f3n. Este es ordinariamente el \u00fanico medio de liberarnos de nuestras tenaces y m\u00faltiples miserias. Preciso es confesarlo; existen cantidad de imperfecciones obstinadas, sutiles, casi imperceptibles, que a pesar de nuestros esfuerzos, de nuestro trabajo y de nuestros sinceros prop\u00f3sitos no llegaremos a corregir, cuanto menos a extirpar; restos de ego\u00edsmo, de amor propio disfrazado, de vanidad, aficioncillas m\u00e1s o menos conscientes. No queda m\u00e1s camino que confiar en la Misericordia de Dios y esperarlo todo de su Amor Infinito y siempre Misericordioso. Es nuestro \u00faltimo recurso que siempre resulta infalible. La ofrenda al Amor Misericordioso es, pues, el remedio supremo de nuestras miserias.<\/p>\n<p>La miseria se f\u00eda de la Misericordia. \u00bfDe qu\u00e9 medio se valdr\u00e1 el Amor Misericordioso para liberarnos de ella? \u00bfPruebas? \u00bfPenas interiores o exteriores? No nos preocupemos; fi\u00e9monos del Amor Misericordioso. Si El quiere realizar su obra por medio del sufrimiento, \u00a1bendito sea! Pero no es a la Justicia, sino a la Misericordia a quien nos ofrecemos. Y posiblemente Dios no espera sino este acto, esta ofrenda para llevar por los caminos del Amor, muy alto y muy lejos, a muchas almas temerosas que se sienten incapaces o indignas de caminar por esa senda, a causa de sus miserias.<\/p>\n<p>Creo que esta palabra, \u00abMisericordioso\u00bb, debe meditarse despacio pidiendo al Esp\u00edritu Santo ilumine nuestra alma. En esa palabra, en efecto, est\u00e1 toda la fuerza y el sentido de esta ofrenda. As\u00ed lo entendi\u00f3 Teresa: \u00abSabed que para ser v\u00edctima de Amor, cuanto m\u00e1s d\u00e9bil y miserable es un alma, tanto m\u00e1s apta es<\/p>\n<p>para las operaciones de este amor que consume y transforma. El solo deseo de ser v\u00edctima basta, pero el alma ha de consentir en permanecer siempre pobre y d\u00e9bil, y esto es lo dif\u00edcil\u00bb. Quien se ofrece con humildad (condici\u00f3n indispensable) al Amor Misericordioso, ser\u00e1 elevado por ese Amor Omnipotente, que se deja cautivar por la miseria del alma humilde que en El pone su confianza.<\/p>\n<p>El rasgo genial de Teresa ha sido inspirar a las almas peque\u00f1as la audacia, la osad\u00eda, el deseo de amar a pesar de la propia miseria; m\u00e1s a\u00fan, sacando de la misma un derecho al Amor Misericordioso. \u00bfNo es \u00e9sta la misma entra\u00f1a del Evangelio? \u00bfNo vino Cristo para que los peque\u00f1os, los miserables, los humildes se sintieran invitados al amor?<\/p>\n<p>La mejor manera de responder a esta invitaci\u00f3n es que el alma, consciente de su nada, se ofrezca al Amor Misericordioso, con la seguridad de que, por pura Misericordia, volcar\u00e1 en ella las oleadas de su Amor. Este sentimiento fue el que inspir\u00f3 a Teresa la idea audaz, atrevida, de ofrecerse como v\u00edctima al Amor Misericordioso. \u00a1Comprendi\u00f3 el Evangelio porque crey\u00f3!<\/p>\n<p>Volvamos ahora al Carmelo de Lisieux, en la fiesta de la Sant\u00edsima Trinidad, 9 de junio de 1895. Represent\u00e9monos a Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas en el momento de realizar su ofrenda como v\u00edctima de holocausto al Amor Misericordioso. Nos parece ver su alma inundada de paz. Paz que es fruto de su humildad, de su serena Fe en el Amor Misericordioso, de su confianza inquebrantable, de su inmenso deseo de amar.<\/p>\n<p>Procuremos como ella obtener esta paz. Creamos en el Amor de Dios. Confianza. Humildad. Deseo de amar. Es el \u00abCaminito\u00bb de nuestra Santa. Y una vez m\u00e1s: es la esencia del Evangelio. <\/p>\n<hr \/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abOh Dios m\u00edo, Trinidad Beat\u00edsima&#8230; Me ofrezco como v\u00edctima de holocausto a vuestro Amor Misericordioso\u00bb. Nada mejor para terminar estas p\u00e1ginas que comentar la ofrenda de Teresa al Amor Misericordioso. Este acto me parece admirable; admirable en su sencillez, sinceridad y plenitud. 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