{"id":2637,"date":"2007-10-15T00:43:32","date_gmt":"2007-10-15T00:43:32","guid":{"rendered":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/nan-37\/"},"modified":"2026-08-16T02:32:59","modified_gmt":"2026-08-16T02:32:59","slug":"capitulo-iii-aportes-de-la-espiritualidad-de-santa-teresita-a-la-espiritualidad-del-joven","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/capitulo-iii-aportes-de-la-espiritualidad-de-santa-teresita-a-la-espiritualidad-del-joven\/","title":{"rendered":"Capitulo III: Aportes de la espiritualidad de Santa Teresita a la espiritualidad del joven"},"content":{"rendered":"<p><span>Puede parecer extra\u00f1a la propuesta de relacionar tres elementos: espiritualidad latinoamericana, espiritualidad de Teresita de Lisieux y espiritualidad de los j\u00f3venes postmodernos. Sin embargo, en este punto de nuestro recorrido, hemos descubierto que la experiencia de Teresita puede resonar con mucha validez en el mundo de hoy, por lo que debemos buscar los medios para que su espiritualidad sea atrayente para nuestros j\u00f3venes. Quien va conociendo a esta muchacha, como <\/span><span>nosotros lo hemos hecho, se va enamorando de la manera como vivi\u00f3 la fe y el seguimiento de Cristo. Por ello es necesario darla a conocer y, de esta manera, derrumbar algunas im\u00e1genes que surgen por el desconocimiento.<\/span><\/p>\n<p><span>Ya al hablar sobre el \u00e1nimo misionero en Teresita ve\u00edamos como ese ardor se convert\u00eda en amor concreto por aquellos que son v\u00edctimas del pecado. Tambi\u00e9n esto lo dijimos con referencia a la espiritualidad latinoamericana. As\u00ed, en un primer momento, al abrir los ojos de nuestros j\u00f3venes a la realidad que le circunda, no podemos cerrarlos al pecado presente en nuestras vidas ni a las consecuencias dolorosas de una estructura de pecado en la cual vivimos sumergidos. El reto es <\/span><span>llenarnos del fuego del Esp\u00edritu Santo, as\u00ed como Teresa de Lisieux, as\u00ed como tantos hombres y mujeres de nuestra Am\u00e9rica Latina, para surcar nuevos caminos de santidad que nos ayuden a preanunciar el Reino de Dios.<\/span><\/p>\n<p><span>J\u00f3venes al encuentro con Jes\u00fas de Nazaret\u2026<\/span><\/p>\n<p><span>Los j\u00f3venes latinoamericanos reunidos en el I Congreso Latinoamericano de j\u00f3venes en Cochabamba, Bolivia (1991), expresaron su fe en \u00abJes\u00fas vivo y presente en nuestra vida y en nuestra historia\u00bb. La centralidad de la espiritualidad cristiana la han encontrado nuestros j\u00f3venes, as\u00ed <\/span><span>como Teresa y los grandes te\u00f3logos latinoamericanos, en la persona de Jesucristo.<\/span><\/p>\n<p><span>Pero no es una figura abstracta, sin relaci\u00f3n con la realidad que se vive, sino que es el Jes\u00fas encarnado en el aqu\u00ed y ahora. En la cotidianidad del pueblo encontramos el rostro sufriente de Cristo; un rostro que para ser limpiado de tanta sangre derramada, necesita la <\/span><span>alegr\u00eda de la entrega oblativa. Seguir a Jes\u00fas es compadecerse del otro, haci\u00e9ndose uno con \u00e9l en oraci\u00f3n y vida. <\/span><\/p>\n<p><span>De all\u00ed el sentido eclesial de la espiritualidad de nuestros j\u00f3venes. Ellos siguen a Jes\u00fas en peque\u00f1as comunidades, donde comparten la Palabra, comparten sus alegr\u00edas y angustias, y parten el pan. Ese <\/span><span>encuentro con la Palabra debe ser al estilo de Teresa, dej\u00e1ndose penetrar por ella, permitiendo que interpele, que transforme; ese encuentro en comunidad con el otro debe ser con una aut\u00e9ntica <\/span><span>expresi\u00f3n de amor que favorezca la experiencia del amor de Dios en el joven, desde la vida diaria, desde los aciertos y desaciertos; el partir el pan es expresi\u00f3n de fraternidad plena, no solamente con el que est\u00e1 al lado, sino con toda la Iglesia peregrina por el mundo.<\/span><\/p>\n<p><span>El encuentro con Jesucristo, con el Se\u00f1or de los pobres, se da al compartir la encarnaci\u00f3n del Hijo e Dios; \u00c9l no ha quedado en su comodidad, sino que ha salido al encuentro de los m\u00e1s necesitado de <\/span><span>libertad. No le encontraremos si no es en comuni\u00f3n con aquellos que nos recuerdan que todos debemos ser verdadera imagen y semejanza del Creador.<\/span><\/p>\n<p><span>\u2026Con deseo ardiente de ser misioneros\u2026<\/span><\/p>\n<p><span>\u00abLa experiencia de fe vivida en los grupos y comunidades juveniles lleva a los j\u00f3venes a descubrir el llamado a servir a los dem\u00e1s\u00bb. La desembocadura de compartir la fe en Jes\u00fas es el anuncio de la buena noticia del Reino por medio de la vida. La Iglesia latinoamericana ha <\/span><span>optado por servir preferencialmente a los m\u00e1s pobres, por ser misionera en aquellos lugares que tradicionalmente no han sido considerado como de misi\u00f3n. Ya hemos visto lo que implica ser <\/span><span>misionera para Teresa, por lo que no podemos dejarlo all\u00ed, sino asumirlo en nuestra propia espiritualidad: el sacrificio del servicio al otro por amor profundo al pr\u00f3jimo y en \u00e9l, a Dios; la oraci\u00f3n constante por la salvaci\u00f3n de los hombres, recordando a aquellos que son v\u00edctimas, quienes propician el pecado y quienes luchan por instaurar la civilizaci\u00f3n del amor; el contacto directo con personas concretas, de manera tal que seamos evangelizados y evangelizadores a la vez.<\/span><\/p>\n<p><span>El esp\u00edritu misionero consiste tambi\u00e9n en dejarse llevar por el Esp\u00edritu Santo, que sea \u00c9l quien nos unja y as\u00ed podamos proclamar con Jes\u00fas la misi\u00f3n de liberaci\u00f3n de la Iglesia. Este mismo Esp\u00edritu har\u00e1 que surja en cada uno las ansias de compartir el amor que descubrimos en Jes\u00fas, comprendiendo que cada hombre es aquel disc\u00edpulo amado que se recuesta en el pecho del Maestro. As\u00ed, al compartir la amistad con Dios, tambi\u00e9n nos haremos part\u00edcipes de su santidad.<\/span><\/p>\n<p><span>3.3 \u2026en su propia historia<\/span><\/p>\n<p><span>Una de las cosas que m\u00e1s impresionan sobre la vida de Teresa es que ella asume su propia naturaleza e historia. Es una ni\u00f1a vivaracha, muy tremenda, y cuando joven sabe que no es un \u00e1ngel. Ella es consciente de la realidad en la que vive, del hoy y del ahora; incluso llega a <\/span><span>desobedecer a su padre al leer el peri\u00f3dico para estar en contacto con Pranzini.<\/span><\/p>\n<p><span>La encarnaci\u00f3n se da en el hoy y en el ahora. El Esp\u00edritu nos mueve a cada uno para que seamos Palabra viva en nuestra realidad. Por eso, el reto de los j\u00f3venes est\u00e1 en saberse encarnar en la realidad que viven, para asumir y humanizar nuestra cultura, de manera tal que cada vez <\/span><span>rompamos con mayor facilidad los \u00eddolos y podamos proclamar que \u00fanicamente Jesucristo es el Se\u00f1or de la Historia. <\/span><\/p>\n<p><span>As\u00ed, viviendo con verdadero Esp\u00edritu, podremos ofrecer una alegr\u00eda que ser\u00e1 inagotable, proclamando la victoria sobre todo sufrimiento, llenando de contenido todo vac\u00edo, siendo lenamente libres para amar.<\/span><\/p>\n<hr \/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Puede parecer extra\u00f1a la propuesta de relacionar tres elementos: espiritualidad latinoamericana, espiritualidad de Teresita de Lisieux y espiritualidad de los j\u00f3venes postmodernos. 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