{"id":2726,"date":"2007-12-23T10:50:58","date_gmt":"2007-12-23T10:50:58","guid":{"rendered":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/mujer-joven-contemplativa\/"},"modified":"2007-12-23T10:50:58","modified_gmt":"2007-12-23T10:50:58","slug":"mujer-joven-contemplativa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lluviaderosas.com\/santateresita\/mujer-joven-contemplativa\/","title":{"rendered":"MUJER, JOVEN, CONTEMPLATIVA"},"content":{"rendered":"<p>Homil\u00eda de Juan Pablo II con ocasi\u00f3n de la proclamaci\u00f3n de Santa Teresa de Lisieux como Doctora de la Iglesia (19 de octubre de 1997) <\/p>\n<p>1. \u00abCaminar\u00e1n los pueblos a tu luz\u00bb (Is 60, 3). En las palabras del profeta Isa\u00edas ya resuena, como ferviente espera y luminosa esperanza, el eco de la Epifan\u00eda. Precisamente la relaci\u00f3n con esta solemnidad nos permite percibir mejor el car\u00e1cter misionero de este domingo. La profec\u00eda de Isa\u00edas, en efecto, ampl\u00eda a toda la Humanidad la perspectiva de la salvaci\u00f3n, anticipando de esta manera el gesto prof\u00e9tico de los Magos de Oriente, quienes, acudiendo a adorar al Ni\u00f1o divino nacido en Bel\u00e9n (cf. Mt 2, 1 12), anuncian e inauguran la adhesi\u00f3n de los pueblos al mensaje de Cristo.<\/p>\n<p>Todos los pueblos est\u00e1n llamados a acoger en la fe el Evangelio que salva. La Iglesia es enviada a todos los pueblos, a todas las tierras y culturas: \u00abId y haced disc\u00edpulos de todos los pueblos, bautiz\u00e1ndolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo; y ense\u00f1\u00e1ndoles a guardar todo lo que os he mandado\u00bb (Mt 28, 19 20). Estas palabras, pronunciadas por Cristo antes de subir al cielo, junto con la promesa hecha a los Ap\u00f3stoles y a sus sucesores de permanecer con ellos hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 20), constituyen la esencia del mandato misionero: en la persona de sus ministros es el mismo Cristo quien va ad gentes, al encuentro de quienes a\u00fan no han recibido el anuncio de la fe.<\/p>\n<p>2. Teresa Martin, carmelita descalza, deseaba ardientemente ser misionera. Y lo fue hasta el punto de ser proclamada Patrona de las Misiones. El mismo Jes\u00fas le mostr\u00f3 de qu\u00e9 manera podr\u00eda vivir con tal vocaci\u00f3n: poniendo en pr\u00e1ctica en su plenitud el mandamiento del amor, se sumerger\u00eda en el coraz\u00f3n mismo de la misi\u00f3n de la Iglesia, apoyando con la fuerza misteriosa de la oraci\u00f3n y de la comuni\u00f3n a los anunciadores del Evangelio. As\u00ed realizaba ella lo que el Concilio Vaticano II destaca cuando ense\u00f1a que la Iglesia es, por su naturaleza, misionera (cf. Ad gentes, 2). No s\u00f3lo quienes escogen la vida misionera, sino todos los bautizados est\u00e1n de alguna manera enviados ad gentes.<\/p>\n<p>Por ello he escogido este domingo misionero para proclamar Doctora de la Iglesia universal a Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz: una mujer, una joven, una contemplativa.<\/p>\n<p>Intima inteligencia de las cosas espirituales<\/p>\n<p>3. A nadie se le escapa, pues, que hoy acontece algo sorprendente. Santa Teresa de Lisieux no pudo frecuentar una universidad, ni siquiera estudios sistem\u00e1ticos. Muri\u00f3 joven y sin embargo de ahora en adelante se la honrar\u00e1 como Doctora de la Iglesia, cualificado reconocimiento que la eleva en la consideraci\u00f3n de toda la comunidad cristiana bastante m\u00e1s de lo que puede hacer un \u00abt\u00edtulo acad\u00e9mico\u00bb.<\/p>\n<p>De hecho, cuando el Magisterio proclama a alguien Doctor de la Iglesia, quiere se\u00f1alar a todos los fieles -y de forma especial a quienes en la Iglesia cumplen el servicio fundamental de la predicaci\u00f3n o desempe\u00f1an la delicada tarea de la investigaci\u00f3n y de la ense\u00f1anza teol\u00f3gica que una doctrina profesada y proclamada por una persona determinada puede constituir un punto de referencia, no s\u00f3lo por ser conforme a la verdad revelada, sino tambi\u00e9n porque aporta nueva luz a los misterios de la fe, una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda del misterio de Cristo. El Concilio nos ha recordado que con la asistencia del Esp\u00edritu Santo crece continuamente en la Iglesia la comprensi\u00f3n del depositum fidei, y a este proceso de crecimiento contribuye no s\u00f3lo el estudio rico en contemplaci\u00f3n al que est\u00e1n llamados los te\u00f3logos, ni tampoco solamente el Magisterio de los pastores, dotados del \u00abcarisma cierto de la verdad\u00bb, sino tambi\u00e9n esa \u00ab\u00edntima inteligencia (&#8230;) de las cosas espirituales\u00bb que es dada por medio de la experiencia, con riqueza y diversidad de dones, a cuantos se dejan guiar con docilidad por el Esp\u00edritu de Dios (cf. Dei Verbum, 8). La Lumen gentium, por su parte, ense\u00f1a que en los santos el mismo Dios \u00abnos habla\u00bb (n. 50). Por ello, y con el fin de profundizar en los divinos misterios siempre mayores que nuestros pensamientos &#8211; hay que atribuir especial valor a la experiencia espiritual de los santos, y no es casualidad que la Iglesia escoja \u00fanicamente entre ellos a quienes quiere honrar con el t\u00edtulo de Doctor.<\/p>\n<p>\u00abMi vocaci\u00f3n es el Amor\u00bb<\/p>\n<p>4. Entre los Doctores de la Iglesia, Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz es la m\u00e1s joven, pero su ardiente itinerario espiritual revela una madurez tal, y las intuiciones de la fe expresadas en sus escritos son tan amplias y profundas, que la hacen merecedera de ocupar un lugar entre los grandes maestros espirituales.<\/p>\n<p>En la Carta Apost\u00f3lica que he escrito para esta ocasi\u00f3n he subrayado algunos aspectos salientes de su doctrina. \u00bfPero c\u00f3mo no recordar aqu\u00ed lo que puede considerarse la cumbre de esa doctrina, a la luz de la narraci\u00f3n del desconcertante descubrimiento que hizo de su especial vocaci\u00f3n en la Iglesia? \u00abLa Caridad escribe- me dio la clave de mi vocaci\u00f3n. Comprend\u00ed que si la Iglesia ten\u00eda un cuerpo, formado por distintos miembros, no pod\u00eda faltarle el m\u00e1s noble de todos: comprend\u00ed que la Iglesia ten\u00eda un coraz\u00f3n, y que este coraz\u00f3n ard\u00eda de Amor. Comprend\u00ed que s\u00f3lo el Amor hac\u00eda actuar a los miembros de la Iglesia, que si el Amor Ilegara a apagarse los ap\u00f3stoles ya no anunciar\u00edan el Evangelio, los m\u00e1rtires rehusar\u00edan derramar su sangre&#8230; Comprend\u00ed que el Amor inclu\u00eda todas las vocaciones&#8230; Entonces, en el exceso de mi alegre delirio, exclam\u00e9: Jes\u00fas, Amor m\u00edo&#8230; por fin he hallado mi vocaci\u00f3n, imi vocaci\u00f3n es el Amor!\u00bb (Ms B 3 v\u00b0). Tr\u00e1tase de una p\u00e1gina admirable que basta para mostrar c\u00f3mo se puede aplicar a Santa Teresa el pasaje evang\u00e9lico que hemos escuchado durante la liturgia de la Palabra: \u00abTe doy gracias, Padre, Se\u00f1or de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla\u00bb (Mt 11, 25).<\/p>\n<p>Convergencia de doctrina y vivencia<\/p>\n<p>5. Teresa de Lisieux no s\u00f3lo capt\u00f3 y describi\u00f3 la verdad profunda del Amor como centro y coraz\u00f3n de la Iglesia, sino que la vivi\u00f3 intensamente en su breve existencia. Precisamente esta convergencia entre doctrina y vivencia, entre verdad y vida, entre ense\u00f1anza y pr\u00e1ctica resplandece con especial claridad en esta santa y hace de ella un modelo particularmente atractivo para los j\u00f3venes y para quienes van en pos del aut\u00e9ntico sentido de su vida.<\/p>\n<p>Frente al vac\u00edo de tantas palabras, Teresa presenta otra soluci\u00f3n, la \u00fanica Palabra de salvaci\u00f3n que comprendida y vivida en el silencio se transforma en manantial de nueva vida. A una cultura racionalista y con demasiada frecuencia penetrada de materialismo pr\u00e1ctico opone ella con desconcertante sencillez el \u00abpeque\u00f1o camino\u00bb que, volviendo a lo esencial, conduce al secreto de toda existencia: el Amor divino que rodea y penetra toda la aventura humana. En un tiempo como el nuestro, marcado con demasiada frecuencia por la cultura de lo ef\u00edmero y del hedonismo, esta nueva Doctora de la Iglesia se muestra dotada de una eficacia singular para iluminar el Esp\u00edritu y el coraz\u00f3n de quienes est\u00e1n sedientos de verdad y de amor.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o camino, al alcance de todos<\/p>\n<p>6. Santa Teresa se presenta como Doctora de la Iglesia el d\u00eda en que celebrarnos la Jornada mundial de las Misiones. Ella tuvo el deseo ardiente de consagrarse al anuncio del Evangelio, y habr\u00eda querido coronar su testimonio con el supremo sacrificio del martirio (cf. Ms B 3 r\u00b0). Es bien conocido el intenso compromiso personal con que sostuvo la labor apost\u00f3lica de los padres Maurice Belliere y Adelphe Roulland, misioneros respectivamente en Africa y en China. En su impulso de amor por la evangelizaci\u00f3n, Teresa abrigaba un solo ideal, como ella misma declara: \u00abLo que le pedimos es trabajar para su gloria, amarlo y hacer que lo amen\u00bb (Carta 220). El camino por ella recorrido para alcanzar este ideal de vida no es el de las grandes haza\u00f1as reservadas para pocos, sino, al contrario, un camino al alcance de todos, el \u00abpeque\u00f1o camino\u00bb, camino de confianza y de abandono total de s\u00ed a la gracia del Se\u00f1or. No es un camino que haya que infravalorar, como si fuera menos exigente. En realidad, es exigente, como exigente es siempre el Evangelio. Se trata empero de un camino a lo largo del cual se halla uno penetrado del sentido del abandono confiado en la misericordia divina, que hace liviano incluso el m\u00e1s riguroso compromiso espiritual.<\/p>\n<p>Por este camino, en el que todo es recibido como \u00abgracia\u00bb, por la centralidad de su relaci\u00f3n con Cristo y su elecci\u00f3n del amor, por el espacio que da tambi\u00e9n a los impulsos del coraz\u00f3n en su itinerario espiritual, Teresa de Lisieux es una santa que permanece joven a pesar del paso de los a\u00f1os, y se presenta como un modelo eminente y una gu\u00eda en el camino de los cristianos para este tiempo nuestro que ya se aproxima al tercer milenio.<\/p>\n<p>7. Grande es, pues, la alegr\u00eda de la Iglesia en esta jornada que corona las expectativas y las oraciones de tantos que han intuido, con la petici\u00f3n del Doctorado, este especial don de Dios y han fomentado su reconocimiento y acogida. Queremos dar gracias por ello al Se\u00f1or todos juntos, y de manera especial con los profesores y los estudiantes de las univesidades eclesi\u00e1sticas romanas, que precisamente estos d\u00edas comienzan su nuevo a\u00f1o acad\u00e9mico.<\/p>\n<p>S\u00ed, Padre, te bendecimos junto con Jes\u00fas (cf. Mt 11, 25), porque has escondido tus secretos \u00aba los sabios y entendidos\u00bb y los has revelado a esta \u00abpeque\u00f1a\u00bb, que hoy nuevamente propones a nuestra atenci\u00f3n e imitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Gracias por la sabidur\u00eda que le has donado, haciendo de ella para toda la Iglesia un singular testigo y una maestra de vida.<\/p>\n<p>Gracias por el amor que en ella has derramado y que sigue alumbrando y dando calor a los corazones, impuls\u00e1ndolos a la santidad.<\/p>\n<p>El deseo expresado por Teresa de \u00abpasar su Cielo haciendo el bien en la tierra\u00bb sigue cumpli\u00e9ndose hoy maravillosamente.<\/p>\n<p>Gracias, Padre, porque hoy con un nuevo t\u00edtulo nos la haces pr\u00f3xima, para alabanza y gloria de tu nombre por los siglos de los siglos. Am\u00e9n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Homil\u00eda de Juan Pablo II con ocasi\u00f3n de la proclamaci\u00f3n de Santa Teresa de Lisieux como Doctora de la Iglesia (19 de octubre de 1997) 1. \u00abCaminar\u00e1n los pueblos a tu luz\u00bb (Is 60, 3). En las palabras del profeta Isa\u00edas ya resuena, como ferviente espera y luminosa esperanza, el eco de la Epifan\u00eda. 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