La simpatía de la santidad joven
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Fortaleza, tenacidad y riesgo: rasgos de una vida. A los apenas 14 años, sus padres la llevan a Roma, para el jubileo sacerdotal de León XIII. En el viaje, de paso por Milán, trepa hasta la estatua de la «Madonnina» del Duomo; en Pisa repite la hazaña con la famosa Torre, y en Roma se interna hasta los más vetados escondrijos del Coliseo… Pero su atrevimiento llega al colmo en la Audiencia pontificia. Cuando le toca el turno de saludar al anciano Papa, deja a los prelados sin aliento, al pedirle, sin rodeo, que le permita ingresar al Carmelo, sin esperar hasta los 18 años reglamentarios. Un silencio tenso, pero cuatro meses después recibe el permiso e ingresa al Carmelo… |
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La vocación al Amor y sus riesgos – En el Carmelo, tan deseado, Teresita no encuentra propiamente el paraíso que esperaba. Mucho orden, buen cumplimiento de normas, pero mucha frialdad… Pero ella, mujer vivaz y apasionada, en vez de dejarse atrapar por la frialdad, da un salto de cualidad, superando la mediocridad del ambiente y las oposiciones con un más de amor. Su mensaje evangélico: pequeño y exigente. Cuando muere – a los 24 años – es una carmelita más, una desconocida. Pero de su tumba pronto parte su fama como un huracán… Se cumple la profecía hecha durante su enfermedad: «Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra… ¡Haré llover una lluvia de rosas!» Su mensaje se halla en la Historia de un alma. Nacida como algo privado y en estilo coloquial, llegó a ser uno de los libros del siglo. Teresa narra su experiencia cotidiana, -sus pequeñas cosas-, transfigurada por el amor. En un mundo espiritual muy complicado, Teresa entra como una brisa suave y luego como un viento impetuoso, echando a bajo oropeles e incrustaciones de siglos… y encuentra el Evangelio en todo su frescor y autenticidad, fácil y exigente como el amor: el Evangelio del amor misericordioso. Y cobra vida algo muy evangélico: el «pequeño camino de la infancia espiritual». Teresita, con su ejemplo, mostraba que el camino de la santidad está abierto a todo el pueblo cristiano y no sólo a pocos privilegiados. Realmente podía decir en su lecho de muerte: «¡Todo es gracia!» Y su primer milagro «colectivo» la Historia de un alma lo realizó en miles de jóvenes franceses que lo llevaban en sus mochilas, al participar en la primera guerra mundial (1914-1918). Muchos reencontraron allí los valores cristianos que daban sentido a sus vidas, enfrentadas a cada momento con la muerte en los campos de batalla. Hoy sigue inspirando a mucha juventud que quiere encontrar al Jesús del Evangelio con el frescor, la cercanía y la fidelidad de la «pequeña Teresa». Ella sigue repitiéndonos: «Nunca me arrepentiré de haberme entregado al Amor». Pío XI la proclamó «Patrona de las misiones» y Juan Pablo II, en 1997, la proclamó «Doctora de la Iglesia». Benito Spoletini, ssp |
Fuente: http://www.san-pablo.com.ar/revistaonline/articulos/ano2n47/teresitadelisieux.htm