¿Sabías que?

Prometió hacer caer una lluvia de rosas desde el cielo.

«Después de mi muerte, haré caer una lluvia de rosas.»

Esta es una de las frases más conocidas de Santa Teresita del Niño Jesús y resume el deseo que manifestó durante los últimos meses de su vida: seguir haciendo el bien después de su muerte.

Pero ¿de dónde nace esta expresión y qué significaban para Teresita esas rosas?

El origen de la promesa

En 1897, Santa Teresita sabía que su enfermedad avanzaba y hablaba con naturalidad de su muerte y de lo que esperaba hacer después de ella.

El 9 de junio de 1897, su hermana María del Sagrado Corazón le manifestó cuánto sufrirían cuando ella ya no estuviera.

Teresita le respondió:

«¡Oh, no! Ya verán, será como una lluvia de rosas.»

La imagen de las rosas tenía además un antecedente muy cercano. En aquellos días, las carmelitas habían escuchado durante la lectura comunitaria un episodio de la vida de san Luis Gonzaga en el que una lluvia de rosas aparecía como signo de una gracia concedida.

Aquella imagen impresionó a Teresita, que expresó:

«Yo también, después de mi muerte, haré llover rosas.»

La expresión fue transmitida posteriormente bajo la forma que se haría célebre:

«Después de mi muerte, haré caer una lluvia de rosas.»

Ya en la primera edición de Historia de un alma, publicada en 1898, un año después de su muerte, aparece recogida esta promesa.

¿Qué representan las rosas?

Las rosas no deben entenderse solamente como flores.

Para Teresita expresaban las gracias y bienes que deseaba obtener para las almas por medio de su intercesión.

Esta promesa está estrechamente relacionada con otra frase pronunciada durante sus últimos meses:

«Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra.»

Teresita no imaginaba el cielo como un lugar donde permanecer alejada de quienes todavía estaban en la tierra. Deseaba continuar su misión: ayudar a las almas a descubrir la misericordia de Dios y el camino de confianza y amor que ella misma había encontrado.

Después de su muerte

Santa Teresita murió en el Carmelo de Lisieux el 30 de septiembre de 1897, a los 24 años.

Poco tiempo después comenzaron a llegar al monasterio testimonios de personas que afirmaban haber recibido gracias por su intercesión.

La cantidad de cartas fue creciendo y, en 1910, el Carmelo publicó una recopilación de gracias y curaciones atribuidas a Sor Teresa del Niño Jesús.

Aquella publicación recibió un nombre muy significativo:

Pluie de Roses — “Lluvia de Rosas”.

En su portada figuraban precisamente las dos expresiones que terminarían identificando su misión después de la muerte:

«Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra.»

«Después de mi muerte, haré caer una lluvia de rosas.»

El significado de una lluvia de rosas

Con el paso de los años, las rosas se convirtieron en uno de los símbolos más reconocibles de Santa Teresita.

Pero detrás de ese símbolo existe algo mucho más profundo.

La lluvia de rosas representa su confianza en que el amor puede continuar obrando más allá de la muerte. Cada rosa simboliza una gracia, una ayuda, una esperanza, una oración escuchada o una persona que vuelve a acercarse a Dios.

Por eso Santa Teresita suele ser representada sosteniendo un crucifijo cubierto de rosas.

Y por eso también nuestro sitio lleva este nombre.

Lluvia de Rosas nació con el deseo de ser un lugar donde las personas puedan confiar sus intenciones, acompañarse mediante la oración y acercarse al mensaje de confianza y amor de Santa Teresita.

Más de un siglo después de su muerte, aquella sencilla imagen de una lluvia de rosas continúa recorriendo el mundo.

Fuentes

  • Historia de un alma, primera edición, Lisieux, 1898.
  • Testimonio de María del Sagrado Corazón en el Proceso Ordinario de beatificación y canonización de Teresa del Niño Jesús.
  • Últimas conversaciones de Santa Teresita, junio-julio de 1897.
  • Archivos del Carmelo de Lisieux, estudio histórico “Je ferai tomber une pluie de roses”.
  • Carmelo de Lisieux, Pluie de Roses, primera recopilación de gracias y curaciones, 1910.